Estrategia Low Cost

Low costEl comienzo de la crisis del 2008 fue el detonante para que nos enteráramos de que el mundo había cambiado. La clase media comenzaba su desaparición para ser reemplazada por un nuevo tipo de clase con un poder adquisitivo más bajo que la anterior, que sin embargo quería tener acceso a los mismos productos y servicios, pero a un coste muy inferior.

Así apareció esta clase a la que hemos denominado la clase low cost, cuyo criterio determinante en la compra es el precio. Una clase que presume ante sus amigos del “chollo” que ha conseguido, a diferencia de la clase media tradicional, que presumía de todo lo contrario, de lo caro que era lo que había comprado.

Con este cambio radical en el criterio de compra, las empresas han respondido buscando la forma de producir esos bienes, pero al precio que la clase low cost puede aceptar. Como ello en los países desarrollados era imposible debido a los altos costes sociales, las empresas han desintegrado su cadena de valor, externalizando la fabricación y encargándosela a otras empresas ubicadas en países emergentes, donde los costes de producción son muchísimo menores debido a la permisividad legal y a la ausencia de derechos sociales. En definitiva, debido a la necesidad primaria de la gente  y al marco que permite el trabajo bajo cualquier forma de explotación.

Así hemos llegado a una situación de esclavitud, donde los niños han sido los tristes protagonistas de la historia y el mundo desarrollado cierra los ojos ante esta situación. Las empresas presumen y alardean de sus códigos éticos, pero la pregunta es a quién los aplican. Sólo a sus empleados directos. En cambio, cierran los ojos ante las situaciones que se producen en las fábricas a las que subcontratan la producción.

Por lo tanto cabría preguntarse si la implementación de las estrategias decididas por las empresas respetan -o permiten respetar- una serie de valores, o bien si obligan de alguna manera a una falta de ética por parte de sus subcontratados o proveedores. Aunque también cabría preguntarse si sería viable para una empresa sobrevivir sin estas prácticas  en la actual sociedad del low cost.

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