Archivos Mensuales: marzo 2015

Cuando el alumno pasó a ser cliente

Lesson in a school class. Isolated 3D image.

Desde hace una década, más o menos, se ha puesto de moda calificar a los alumnos como clientes. Desde ese momento se les ha empezado a tratar como tales, aplicando el dicho de que el cliente siempre tiene razón…y si no, también la tiene.

A partir de ese momento, las instituciones educativas han lanzado a los profesores a la arena, sin armas, a luchar contra las fieras. Algunas encantadoras, otras indiferentes y por fin otros retorcidos y dañinos hacia el profesor cuando éste dice algo que no les gusta, que les saca de su zona de confort o que les llama la atención por un comportamiento no deseado.

Coincidiendo en esta época, se ha producido un hecho como es la ausencia de respeto y consideración al acto que supone la clase. Unos con el teléfono móvil, recibiendo y pasando mensajes; otros charlando animadamente de temas que no tienen que ver con lo que se está tratando; otros que parece que tienen incontinencia, saliendo y entrando en el aula a su antojo; sin olvidarnos de los que piensan que el aula es una zona de pic-nic y la clase la hora del mismo.

Y acompañando a este proceso, aparece la explosión de las encuestas en las que los alumnos califican a los profesores, de tal forma que una mala calificación puede llegar a poner en peligro la continuidad del profesor.

Desde ese momento, el nivel de conocimiento en el aula ha caído de manera estrepitosa. Hay profesores que, por miedo a la posible discontinuidad por malas calificaciones de los alumnos, se dedican a consentirlo todo, a hacer gracias para que los alumnos se diviertan y a confraternizar con ellos para conseguir su amistad, y así conseguir buenas calificaciones y asegurar su continuidad.

¿No sería mejor volver a considerar que el auténtico cliente de la formación son las instituciones económicas, públicas y privadas, que precisan personas con cierto nivel de conocimiento para incorporarlas con la preparación adecuada? Y que el alumno vuelva a ser alumno. Esto es, un diamante en bruto que los profesores deben ir modelando y tallando hasta que convertirlo en algo de auténtico valor.

De esta forma, la prioridad de los profesores no sería ganarse la simpatía de los alumnos sino su respeto. Los alumnos dejarían de buscar divertirse en el aula para disfrutar las clases, alcanzando una mejora en sus conocimientos, sus habilidades directivas, su saber estar, etc… En definitiva, todo aquello que les hace cada vez más valiosos ante las entidades que pueden emplearles.

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La pérdida es bella (Amazon y otros cuentos)

Jeff Bezos, foto AFP

“Amazon presenta resultados financieros con pérdidas millonarias”, “Amazon multiplica por diez las pérdidas en el trimestre”… Son titulares que nos encontramos reiteradamente en los medios. Y mientras tanto, su cotización en Bolsa sube aunque siga sin pagar dividendo y siga realizando inversiones multimillonarias en compras de empresas, en algunos casos de dudoso retorno.

¿Cuál es el secreto que hay detrás de todo esto para que empresas como Amazon sigan cotizando en Bolsa con grandes rendimientos, cuando según su supuesto modelo de negocio, inexistente en algunos casos, sus resultados son desastrosos? ¿Se trata de una enorme huida hacia adelante, tapando el problema mediante el engorde del mismo?

Hace algún tiempo, un buen amigo que dirige un family office me comentaba que habían hecho una operación estupenda con una empresa tecnológica en la que habían tomado participación hacia unos pocos años, y que ahora habían vendido generando unas plusvalías suculentas. Pero que todavía seguían preguntándose qué habían vendido, porque no lo sabían.

Le realizaron la pregunta al fundador de la empresa de la que eran socios, y éste sólo daba como respuesta que habían vendido expectativas. Pero ante la pregunta sobre qué expectativas, no hubo forma de que les diera una explicación.

Muchas veces se ha hablado de que el gran valor de estas empresas era la información que manejaban. Pero aquí me gustaría reflexionar sobre ciertas realidades. Ya se hablaba de esto en el año 2000, y sin embargo se descubrió que los nombres más repetidos en las bases de datos de las populares “.com” eran Napoleon Bonaparte y Mickey Mouse. Claro, a partir de ahí, ¿cuál es la bondad de los datos restantes? Cuando menos de dudosa calidad, por no decir que no sirven de nada.

Más recientemente, analizando la base de datos de una empresa, descubrimos que más del 90% de sus clientes declaraban que eran de nacionalidad afgana. Claro, era la primera nacionalidad del desplegable. Podríamos seguir con más ejemplos, pero creo que estos son suficientemente ilustrativos.

Pero todavía hay otro problema, que se está superando con la aplicación de los móviles, como es la compartición de un ordenador. Pensemos en una familia de tres personas, marido, mujer y un hijo adolescente.

Imaginemos que entra a navegar el hijo adolescente, y con su navegación se extrae un perfil de hombre joven; después entra a navegar la madre, y empieza a llegarle publicidad que no se corresponde con su perfil, que a su vez complementa el perfil de su hijo creando un perfil de hombre joven afeminado; y por fin entra el padre, al que le llegan una serie de mensajes que evidentemente no se corresponden con su perfil, sino que el suyo complementa al que ya había de esa IP; y ahora el resultado es un hombre joven, afeminado y conservador. A partir de ese momento da igual el orden en el que sigan entrando, porque consolidarán ese perfil.

Entonces la gran cuestión es: ¿dónde está el valor de estas empresas? Que no cabe duda que se paga por él, lo cual quiere decir que lo tienen para alguien porque alguien paga por ello. ¿O estamos ante otro nuevo globo que puede estallar como ya estalló en el 2000?

Exportaciones: no es oro todo lo que reluce

Exportaciones no es oro...

De vez en cuando nos encontramos con grandes titulares en los periódicos, y a los políticos sacando pecho porque las exportaciones están creciendo de manera importante. En primer lugar, manejar los números es muy fácil. Y cuando se exporta poco, crecer mucho en porcentaje es muy fácil. El problema radica en crecer cuando ya se exporta mucho.

Pero no es ese el punto sobre el que me gustaría incidir. Cuando se habla de las cifras de exportación, lo que no suele decirse es qué porcentaje de esas exportaciones corresponde a las subsidiarias de las empresas multinacionales ubicadas en el país.

¿Por qué es importante esta consideración? Porque estas exportaciones no se deben ni al emprendimiento e inquietud de los empresarios del país, ni a las condiciones del país en este aspecto, sino a los intereses de la multinacional. De manera que esas cifras de exportación se mantendrán, subirán o bajarán en  función de los objetivos de las multinacionales con subsidiarias en un país en particular.

Supongamos que una empresa multinacional decide fabricar en la subsidiaria de un determinado país un producto que luego venderá en las subsidiarias que tiene repartidas por todo el mundo. Evidentemente, las exportaciones de ese país subirán de manera importante. ¿Pero qué es lo que representa ese crecimiento?  Simplemente una decisión estratégica de una empresa, pero desde luego no necesariamente una vocación y preparación del país para crecer en la exportación.

Supongamos que esa multinacional empieza un proceso de deslocalización y decide que la subsidiaria de este país ya no es la que debe fabricar para todo el resto. El resultado es una caída en las exportaciones del país, tan grande como las exportaciones de esta empresa hubieran representado en la cifras del país.

De ahí que los países receptores de multinacionales, y más concretamente de subsidiarias de fabricación de las multinacionales, engorden sus cifras de exportación a partir de exportaciones que no controlan en absoluto. Y cuyo crecimiento, reducción, mantenimiento o eliminación, dependen de la decisión de un comité de dirección que está a muchos kilómetros de distancia, y cuya sensibilidad sobre cualquier país es muy relativa.

Para elevar realmente las cifras de exportación, lo que se debe hacer es animar, estimular, enseñar y propiciar que sean las pymes domésticas las que se lancen a la aventura de  vender en mercados exteriores. El país que lo logre llegará a ser una de las potencia económicas del mundo, sin duda.

Los engaños de la macroeconomía

Macroeconomía engaños

A veces la gente de a pie no entiende lo que está pasando. Mientras los políticos hablan de mejoras extraordinarias en los datos económicos del país, las personas corrientes, sin embargo, notan que vive peor.

Lo que sucede, en muchas ocasiones, es que se mejoran los datos macroeconómicos sacrificando los datos microeconómicos. Por ejemplo, si se quiere mejorar en un 30% la productividad del país de forma rápida, lo único que habría que hacer sería reducir los salarios en un 30%. Esto mejoraría un dato macroeconómico. Sin embargo, empobrecería en un 30% a los trabajadores.

Otro tanto sucedería, aunque más discutible, con los impuestos. Si el gobierno de un país quiere eliminar el déficit, e incluso conseguir obtener superávit, hay dos alternativas: reducir los impuestos de manera sensible, de tal forma que se reduzca el incentivo a la evasión de impuestos y a la economía sumergida; o por el contrario, lo que suelen hacer, subir los impuestos. Y así sucesivamente.

De esta manera, los ciudadanos se encuentran con que el país cada vez va mejor, pero sin embargo ellos cada vez se encuentran en peor situación, tienen menos ingresos y además tienen que pagar más impuestos. Disminuye de manera importante la renta de las personas, con la reducción correspondiente de la demanda. Y si los ciudadanos gastan menos, redundará en una menor recaudación de impuestos, una pescadilla que se muerde la cola pero que se convierte en un círculo vicioso muy delicado.

Por lo tanto, lo recomendable es mantener un equilibrio, de tal forma que las cifras macroeconómicas mejoren por reformas estructurales, eliminación de despilfarros y –evidentemente- eliminación de la corrupción. Consiguiendo un país estable y de prestigio, donde los inversores estén dispuestos a colocar su dinero, los ciudadanos tengan renta para poder consumir y por lo tanto se incrementará el PIB, gracias a un equilibrio entre el mercado interno y la exportación.

En definitiva, superados los momentos críticos es necesario que las cifras macroeconómicas mejoren a partir de la cifras microeconómicas. Si bien, después de un periodo de fuertes sacrificios, cuesta cierto tiempo superar el miedo psicológico y volver a los niveles de consumo anteriores.