Archivos Mensuales: junio 2015

España, un país que pudo y no quiso

España, un país que pudo...

Los países se posicionan en el mercado según sus ventajas competitivas. Así, los países más desarrollados se han posicionado en servicios de alto valor añadido, apoyándose en sus conocimientos y en las tecnologías que han ido consiguiendo gracias a sus esfuerzos en I+D, configurando sociedades con alto grado de conocimiento, alto nivel de vida, poder adquisitivo importante gracias a salarios elevados, etc.

Las empresas y las instituciones de estos países han invertido a lo largo del tiempo cantidades muy importantes en I+D y en formación. Consecuentemente, estas empresas se han centrado en los aspectos relacionados con el alto valor añadido, es decir, conocimiento y servicios. Y han externalizado las actividades de menos valor, tales como fabricación, plataformas de atención de atención al cliente, etc… esto es, actividades que requieren, de momento, mucha mano de obra, no necesariamente muy cualificada, a la que se pagan salarios muy bajos, consecuencia de su trabajo y del posicionamiento de los países donde se encuentran ubicadas las empresas que se han hecho cargo de estas actividades. En definitiva, costes más bajos.

Entre los países que se centraron el conocimiento y aquellos cuya ventaja competitiva radicaba en los bajos costes, estaban otros países que dijeron que se centraban en el conocimiento, pero sin invertir lo necesario, y los salarios subieron de manera que les eliminaba la posibilidad de competir en función de sus costes.

Aquí encontramos a España, un país que no ha apostado de verdad por el futuro, o más bien que apostó de “boquilla”, pero no lo acompañó de paciencia e inversiones. Sin embargo vivió como los países ricos, que sí apostaban de verdad por el largo plazo, hasta que la cruda realidad nos llegó. Se acabó el inflado artificial de los mercados y llegó la hora de competir de verdad. Y aquí se nos cayó la casa con pilares de barro que habíamos construido.

Durante varias décadas hemos estado externalizando actividades de poco valor añadido, pues como hemos apuntado, los costes se habían disparado. Pero ahora se está produciendo el fenómeno de la “contra-deslocalización”, es decir, a repatriar operaciones de poco valor añadido que hace unos años habíamos “despreciado” y externalizado, llevándolas a empresas ubicadas en países emergentes.

La repatriación de estas actividades y la correspondiente vuelta a la integración vertical de las empresas se está justificando en el hecho de que la externalización no funciona, y los costes de los países emergentes han subido de manera importante en los últimos años. Pero si bien esto es parcialmente cierto, la realidad es otra muy distinta.

La realidad es que la externalización no ha funcionado porque se ha hecho mal. Como antes apuntaba, se ha externalizado con “desprecio” en vez de con técnica, metodología y de forma estratégica. Ahora muchos directivos encuentran aquí su justificación, pero nada más lejos de la realidad.

Otra razón para volver a repatriar estas actividades de bajo valor es que nos encontramos en las empresas con muchos empleados sin función concreta que realizar, con una preparación en general superior a la requerida para realizar estas tareas, pero sin poder desarrollarse en responsabilidades de mayor valor añadido, simplemente porque las empresas no las tienen. En consecuencia, unido a la situación general, los salarios han caído de forma importante. Y el resultado es que nos encontramos con un país “barato”, pues la ventaja competitiva y la razón real de repatriar estas actividades de poco valor añadido es que los costes ahora en España no justifican la externalización de estas operaciones por este concepto.

Si queremos un futuro de ricos, invirtamos como los ricos, en conocimiento y pensando en el largo plazo, y no en nada y exprimiendo el corto plazo. El futuro, si seguimos así, será el de un país de dos caras: la de los emigrantes preparados que se desarrollan en el exterior y ganarán salarios muy altos; y la de los que se quedan haciendo actividades sin valor añadido, con salarios bajos.

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España, el país de las apps

País de Apps

En estos últimos años, en las tutorías que realizo sobre trabajos de fin de máster, me he encontrado que el 90% de estos trabajos se centran en la realización de alguna app, algunas de una imaginación extraordinaria y otras muy interesantes. Pero, al menos que yo sepa, ninguna ha sido luego implementada.

La primera reflexión que se me ocurre es si la app viene a ser el pelotazo que ya planteaba hace bastantes décadas ese ministro que se enorgullecía de que España era un país en el que la gente se podía hacer rica por ese procedimiento. Qué frase tan desafortunada y qué ha daño ha hecho lo que luego ha sido la cultura del pelotazo.

Esa cultura caló en nuestro país de manera importante, y así nos encontramos a los que consiguen el pelotazo de forma ilegal, véase el grado de corrupción que existe en el país, y otros que buscan el pelotazo de forma legal. Y aquí es donde entran las apps.

La mayoría de nuestros jóvenes están al tanto de las biografías de los grandes ricos de las nuevas Tecnologías de la Información y de Internet, y han descubierto que muchos de ellos se han convertido en ricos, algunos de ellos billonarios que han engrosado la lista Forbes, a partir del desarrollo de alguna app o similar.

Pero claro, esas biografías corresponden a un pequeñísimo número de emprendedores que lo han conseguido. Y además nuestros emprendedores aficionados sólo se han quedado con la última parte de la biografía, la del éxito. Pero no saben, o no quieren saber, los enormes esfuerzos y sacrificios que han tenido que hacer hasta llegar a la más conocida y celebrada etapa de sus vidas.

El resultado es que las cuatro personas que componen el equipo de trabajo de fin de máster, presenta una app estupenda muchas veces, con una estructura de empresa en la que los cuatro son los directivos, además de dueños de la empresa, y encima ninguno sabe programar ni tienen ni idea de la componente técnica.

Habría que reflexionar sobre lo que está pasando, e intentar huir de la cultura del pelotazo, ahora “tecnológico”.