La empresa, una trituradora

Las empresas se han configurado tradicionalmente para crear valor de forma continua, mediante el trabajo repetitivo, y en su mayoría carente de creatividad, de los empleados. Éstos, en general, se limitan a cumplir horarios, en algunos casos muy largos, realizando de forma reiterativa lo que se les ha encargado y arreglando los errores que comenten, en unos casos por falta de concentración y de cuidado, y en otros porque han alcanzado su perfecto grado de incompetencia.

Esto significa que cuando alguien se ha estado preparando durante muchos años, estudiando en diferentes instituciones, desde la Escuela al Instituto, la Universidad y en muchos casos la Escuela de Negocios, cuando a continuación intenta incorporarse a una empresa para desarrollar su vida profesional, tiene que ser consciente de que esta institución es la encargada de hacer desaprender, a los que se incorporan a trabajar en ella, todo lo que tanto esfuerzo y dinero les ha costado aprender.

Algunos pensaran que lo que acabo de afirmar es muy fuerte. Pero, lamentablemente, es una realidad. Cuando alguien se incorpora a una empresa tiene que entender que entra en una institución donde el principio de autoridad es clave. Si tomamos como referencia el ejército, me atrevería a decir que la empresa es más jerárquica y autoritaria y, por lo tanto, precisa de gente sumisa, sin inquietudes ni creatividad. Pues si la institución permitiera que empleados en niveles inferiores fueran más brillantes que los que se encuentran en niveles superiores, podrían darse situaciones de rebelión. Aunque la empresa tiene resuelto muy fácilmente ese problema: se limita a expulsar a los rebeldes, de facto o con potencial detectado, amparándose en la legislación vigente.

Podemos afirmar que en las empresas se da, y con mayor intensidad, uno de los principios que rigen en el ejército: que el jefe es más listo y siempre tiene razón, un principio absolutamente coherente en una estructura jerarquizada. Por lo tanto, tienen que empezar su trabajo haciendo desaprender a los que se incorporan a trabajar en ella lo que tanto tiempo y dinero les ha costado aprender. Luego se les enseña lo que se entiende que necesitan para incorporarse de forma dócil a la rueda de la empresa.

Algunos se preguntarán, entonces por qué contratar a diferentes personas con diferentes niveles de conocimiento, si luego les van a hacer que desaprendan lo que han aprendido. La respuesta es simple: es para encajarlos en los diferentes niveles de la estructura jerárquica, dándoles diferentes condiciones económicas, a cambio de una serie de compromisos, diferentes en los diferentes niveles.

Todo esto lo afirmo después de décadas de trabajo en puestos de dirección en empresas multinacionales y varias décadas como profesor de Universidad y de Escuelas de Negocio de prestigio internacional. Primero lo he vivido, pues he experimentado en mis propias carnes el proceso de desaprendizaje cuando trabajaba por cuenta ajena. Y más recientemente, cuando me encontraba con alumnos, algunos realmente brillantes, que después de aproximadamente tres años en una compañía, prácticamente me confirmaban que no utilizaban para nada lo que durante tantos años habían estudiado, en muchos casos que incluso se les había olvidado. Todo esto en un contexto donde algunos jefes y compañeros les reprochaban sus intentos de aplicar lo que habían aprendido y los tachaban de repollos. Algo que también he experimentado cuando quería aplicar en las empresas en las que trabajaba lo que había aprendido en los Máster que había ido estudiando para seguir mi proceso formativo, que pensaba que debería ayudarme y acompañarme en mi desarrollo profesional.

La realidad es muy diferente, pues el progreso en la empresa en función de conocimientos y brillantez se da un porcentaje pequeño. Recordemos que el brillante puede ser un rebelde potencial. En la mayoría de los casos, el progreso en la empresa en está condicionado por las relaciones personales, es decir, mezclando un cierto nivel de docilidad con amistades que ya se tenían o que se han ido adquiriendo a lo largo del tiempo de permanencia en la empresa. Es decir, tener padrinos que te defiendan, avalen y promuevan, fuercen o recomienden tu promoción.

También hay una tercera vía de promoción, que se da con bastante frecuencia, y está basada en el hecho de que las empresas necesitan gente que haga un cierto tipo de trabajo sucio, gente con pocos escrúpulos que son capaces de hacer lo que sea con tal de progresar en la escala jerárquica de la empresa consiguiendo mejores condiciones económicas. Este tipo de gente es, por dar algún ejemplo, aquellos que pueden despedir a miles de personas en condiciones cuando menos dudosas, sin que les tiemble la mano. O son los que tratan a sus colaboradores de forma despótica, pues la empresa necesita que la gente sepa que no puede rebelarse.

La cuestión es que todo esto tiene un fuerte componente temporal, pues los que progresan porque tienen padrinos, cuando éstos desaparecen, automáticamente quedan condenados a desaparecer. Con un problema, y es que además han desaprendido. Nunca se me olvidará cuando una persona de más de 40 años me dijo una vez, con lágrimas en los ojos, que si le echaban de la empresa adónde iba a ir, pues todo lo que sabía estaba relacionado con lo que hacía específicamente en esa empresa, y dudaba de que fuera de utilidad para otras.

Si la ruta de progreso en la empresa ha sido por falta de escrúpulos, el tiempo de permanencia en el puesto es el que tarda en aparecer otro con menos escrúpulos. Aquí el problema es que, además de haber desaprendido, con toda seguridad se habrá granjeado muchos enemigos, con lo que su futuro es bastante negro. Salvo que exista alguna otra empresa que vuelva a necesitar alguien que haga el trabajo sucio y no lo tengan internamente.

Por lo tanto, si quieres desarrollar toda tu capacidad, apoyándote en el conocimiento que tanto tiempo, dinero y esfuerzo te ha costado adquirir, solo hay una salida: realiza tu propio proyecto empresarial y de vida. Con sus ventajas e inconvenientes, y teniendo claro que uno de los grandes inconvenientes que siempre se tiene como autónomo es la seguridad. Pero al fin y al cabo, como ya hemos dicho, en la empresa actual los puestos también son temporales y cada vez más efímeros, dada la gran velocidad a la que está sucediendo todo.

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