Archivos Mensuales: abril 2018

Tú debes ser una empresa virtual

Durante décadas, he estado convirtiendo empresas anticuadas con estructuras tradicionales en empresas modernas con estructuras virtuales. Es el único tipo de estructura que permite a las empresas competir con garantías en el entorno actual, y puedo garantizar que las transformaciones empresariales realizadas han dado excelentes resultados.

Esta excelencia viene derivada del cambio de estructura de costes, pasando de costes fijos a costes variables. Esto es lo que le permite competir en una sociedad de bajo coste, del cambio de la cadena de valor de rígida a dinámica “ad hoc”; de la oportunidad de negocio que quiere aprovecharse, lo que le permite estar perfectamente enfocada; de la excelencia de todos los componentes de la cadena de valor que actúan en colaboración, lo que le convierte en la empresa excelente para esa oportunidad de negocio, etc.

En definitiva, el objetivo de este proceso de transformación era convertir a la empresa en la competidora por excelencia en cada momento, basándose en sus capacidades fundamentales, despojándose de todo aquello que pudiera lastrarle desde el punto de vista competitivo, dejando esas funciones en manos de socios. Es decir, que se producía un reemplazo de departamentos con personal fijo, muchas veces burocratizado y que no aportaba valor, por socios que eran auténticos generadores de valor en esas funciones, de tal manera que las empresas siempre aportaban lo mejor, sus ventajas competitivas, y eso las hacía imparables.

Según se fue complicando el mercado laboral y haciéndose más competitivo, en la medida en que tener un puesto de trabajo se ha hecho cada vez más difícil ante la enorme competencia existente, me di cuenta de que las ideas y métodos aplicados a las empresas tienen una aplicación muy valiosa para las personas, siempre con ciertos matices.

La virtualización de la empresa empieza con el descubrimiento del core business de la misma, es decir, de sus ventajas competitivas y de las funciones donde residen las mismas. Las personas, si quieren ser competitivas, tienen que hacer lo mismo: descubrir sus ventajas competitivas. Si bien cuando en las empresas se identifican las ventajas competitivas, se hace considerando sólo los aspectos técnicos, en el caso de las personas tenemos que introducir un nuevo parámetro, que es la preferencia de la persona, es decir, a qué le gustaría dedicarse.

Esta variación hay que introducirla, pues tenemos que reconocer que en la actualidad -y la tendencia es que cada vez tenemos que dedicar más tiempo de nuestra vida al trabajo-, la exigencia pasa por una disponibilidad de 24 horas al día y siete días a la semana. Además, los cambios en el entorno macroeconómico nos obligan a tener que estar en un aprendizaje continuo, es decir, a leer y estudiar de forma continua sobre la temática a la que nos dedicamos. Y desde luego, esta dedicación necesaria a algo que no te gusta y con lo que no disfrutas, es demasiado castigo.

Cada vez nos encontramos a niños que van mejorando su rendimiento según van progresando en los estudios. Empiezan siendo una cruz para sus padres durante los estudios primarios, para luego ir mejorando en la Universidad y acabando como excelentes profesionales.

Este recorrido es lógico si lo que contemplamos desde la dimensión del disfrute. En la primera etapa tienen que estudiar lo que les dicen, les guste o no. En la segunda etapa ya eligen lo que quieren estudiar, si bien tiene que estudiar algunas materias complementarias que no les gustan. Y por fin, en la tercera etapa, se dedican a hacer lo que desean y con lo que disfrutan, con lo que su rendimiento se puede convertir en excelente.

Por lo tanto, el proceso que debería seguir todo profesional del siglo XXI tiene que empezar por descubrir qué es lo que nos hace disfrutar. A partir de ahí, comenzar el recorrido, sabiendo que siempre estará complementado por otras materias que son necesarias para llegar a poder desarrollar nuestra materia principal con éxito. Por lo tanto, tenemos que convencernos de que esas materias son condición necesaria para poder desarrollar lo que deseamos, y consecuentemente tenemos que esforzarnos por superarlo de la misma forma que nuestra materia principal.

Y en la vida profesional hay que actuar de la misma forma. Nunca se me olvidará el comentario de un director de RRHH brillante cuando me comentó, después de que yo impartiera un curso a la dirección de su empresa y que se interesara de si el hotel les había gustado a los asistentes, si la comida había sido de su gusto, etc., que eso es lo que tenía que hacer y conseguir que fuera a satisfacción, para que así le dejaran hacer lo que realmente le apasionaba, que era la dirección estratégica de los recursos humanos.

Como conclusión, podríamos afirmar que para ser lo más feliz posible en la vida profesional y tener éxito en el siglo XXI, es fundamental descubrir qué es lo que te gusta, más que para qué vales. Porque después de una cierta dedicación, se puede alcanzar el mismo nivel en lo que te gusta que en aquello para lo que vales. Y a partir de ahí seguir tu desarrollo profesional, aceptando que los gustos pueden ir variando en función de la experiencia que se va adquiriendo.

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Trabaja para ti mismo en la empresa

Al poco de empezar a trabajar, mi jefe, un norteamericano de excelente nivel -no por ser norteamericano, sino porque realmente tenía mucho nivel y una dilatada experiencia-, me dijo que tenía que aprender a trabajar para mí mismo, aunque estuviera trabajando en una empresa, y por lo tanto por cuenta ajena.

Eso me hizo reflexionar, y he de reconocer que a lo largo de mi vida fue una máxima que siempre apliqué. Y gracias a ella, las empresas en las que trabajé se beneficiaron ampliamente, pues al ser consciente que trabajaba para mí, mi rendimiento era en general muy por encima de la media. A su vez, yo me beneficiaba porque aprendía y adquiría experiencia mucho más rápidamente que los demás, gracias al esfuerzo extra que estaba realizando al tener claro que estaba trabajando para mí mismo.

Con el paso del tiempo, fui además descubriendo que las empresas van a lo suyo, y las personas cuentan muy poco. Se las utiliza mientras se las necesita, y se prescinde de ellas tan pronto como se puede o las circunstancias lo aconsejan.

En la actualidad, todo esto se extrema debido a la dinámica e hiper-competencia existente en el mercado. Las empresas necesitan el máximo de sus empleados y cuando los necesitan. Porque en un mercado low cost, como sabemos, el precio es la variable clave en la toma de decisiones del cliente, y las empresas no pueden permitirse el lujo de tener a empleados que no estén rindiendo al cien por cien, y no en todo momento necesitan el mismo nivel de recursos.

Con estas premisas, si alguien quiere tener éxito y gozar de una cierta estabilidad, tiene que tener claro que esto es un proceso de dos fases: una primera fase, que podemos denominar de aprendizaje, durante la cual el empleado debe dejarse el pellejo, como si fuera un trabajador autónomo, como una esponja, con los ojos abiertos aprendiendo muchas de las cosas que una empresa puede aprender, para luego poder aplicarlas en la segunda fase.

En esta primera etapa es donde hay que aplicar a rajatabla, como me decía mi jefe, la máxima “trabaja en la empresa para ti”. Es el momento donde hay que aplicar también la frase que me encanta y que repito cada vez más: “trabaja mucho pero inteligentemente”. El trabajo duro con seguridad producirá resultados, con lo que el puesto de trabajo en la empresa en la que estés trabajando, normalmente no debería correr ningún riesgo. Seguro que serás uno de los empleados que se va a mantener estable, aunque la empresa tenga que reducir recursos. Si el rendimiento es excelente y la empresa es normal, lo lógico es que te mantengan en tu puesto.

La segunda parte de la frase, “inteligentemente”, se refiere a que aprendas todo lo que puedas en lo que estás trabajando, y quédate con ello. El conocimiento no te lo puede quitar nadie, por eso es importante ser especialmente generoso en esa etapa. Apúntate como voluntario a participar en todo tipo de iniciativa que se presente, y sigue aprendiendo cosas nuevas que luego puedas aplicar en la segunda fase. Así, lo que estarías haciendo es sacar el máximo partido de una etapa que todos debemos entender que es temporal.

La segunda fase es cuando llegas a ser independiente, llámese autónomo, emprendedor, empresario… El caso es que es cuando tú eres tu propio jefe y pueden depender de ti terceros, es el momento donde tienes que poner en funcionamiento todo lo que has aprendido en la primera etapa.

Lo ideal es que seas tú el que tome la decisión de empezar la segunda etapa, pues será el momento en que te encuentras especialmente preparado para dar este salto. Ya te ves con el conocimiento, la experiencia y probablemente con los recursos que te permiten abordar la fase de autónomo con ciertas garantías y tranquilidad.

Puede darse el caso en el que el momento se precipite, y sea la empresa que, por diferentes razones prescinda de ti. Si no te ves preparado suficientemente, tienes que buscarte otra empresa para seguir aprendiendo. Pero si ya te ves preparado para emprender, aprovecha la indemnización que te han dado para tener la tranquilidad económica, al menos durante un cierto periodo de tiempo. Cuidado con invertir toda la indemnización en el proyecto si no se tiene otra fuente de ingresos, pues puede llegar a ahogarte.

En resumen, en la primera fase trabaja para ti en la empresa, trabajando duro pero inteligentemente, no pierdas ninguna oportunidad de aprender y ten siempre la visión en la segunda fase.

En la segunda fase es donde tienes que poner encima de la mesa todo lo que has aprendido, todas las relaciones que has conseguido y convertir tu proyecto empresarial en tu forma de vida.

Epílogo: y después de la transformación digital, ¿qué…?

Comenzaba esta serie de reflexiones preguntándome: y después de la Transformación Digital, ¿qué nos vamos a inventar para seguir ocupando nuestro tiempo en las empresas? ¿Cuál será la siguiente moda?

Me temo que pasaremos a la Transformación Smart, es decir, daremos al smartphone el protagonismo que ya debería tener en los procesos de transformación actual. Es que no se puede concebir en este momento un proceso de Transformación Digital sin tener como protagonista al teléfono inteligente. Se ha acabado el mobile friendly, eso es ya cosa del pasado. De cara al futuro tenemos que ir a la Transformación 4.0, para alinearnos con el entorno que nos crea la Revolución 4.0, a la que se está dedicando poco tiempo, cuando ya está encima.

Múltiples iniciativas tecnológicas están llamando a la puerta del mercado y de las empresas: la impresión 3D, los coches autónomos, la realidad virtual, la biomedicina, el deep learning, etc… Mark Zuckerberg plantea que hay cinco tecnologías que cambiarán el mundo: la telepatía, la Inteligencia artificial, Internet en todo el mundo, la salud de hierro (longevidad extrema) y la realidad virtual. Yo me atrevería a añadir otra: la tele-portación o tele-transportación, e invitaría a los que estén leyendo esta reflexión que miren las iniciativas de compañías como Google o Microsoft, que realmente cambiarán el mundo.

Los sucesivos procesos de transformación de la empresa nos han llevado a incorporar las máquinas a las empresas como soporte de las personas. Pero ahora ya hemos iniciado el camino en el que las empresas serán máquinas soportadas por personas, donde la robótica cobra un papel fundamental y, antes de lo que nos imaginamos, las empresas estarán conformadas por máquinas sin necesidad de personas, donde a la robótica le sumaremos la inteligencia artificial y el deep learning.

Esto nos llevará a un mundo sin trabajo para el ser humano, como ya anticipaba Jeremy Rifkin en los 90 en su libro “El fin del Trabajo”. Como ya les pasó a los animales de tracción con la Primera Revolución Industrial.

Esto nos abre las puertas de los auténticos retos a los que se enfrenta la sociedad en el medio y largo plazo: garantizar renta a todos los seres humanos. Para que siga teniendo sentido el mundo productivo, otra alternativa es que la “autoridad” se haga cargo de las inversiones en I+D+i y los productos se vendan a su precio marginal, como también apunta Rifkin en su libro, y una ocupación no necesariamente productiva para evitar el desarrollo de la agresividad, demostrado en diferentes estudios sociológicos, por parte del ser humano sin nada que hacer.

Y aquí concluimos esta serie de reflexiones. Ánimo, que tenemos enfrente un mundo apasionante. Y tenemos que liderar su proceso de Transformación, si no queremos que lo lideren probablemente las máquinas.

Reflexión 10: ¿hablamos de estrategia digital o de transformación digital?

Cuando veo los partidos de fútbol y escucho a los comentaristas decir, cuando un equipo va a tirar una falta, que van a realizar una jugada de estrategia, no puedo por menos de reírme. Porque no parece que tenga mucho sentido hablar de una acción de corto plazo como si fuera un planteamiento de largo plazo. Podríamos aceptar que la ejecución de la falta fuera lo que en términos estratégicos se denomina quick wins.

Entonces, cuando hablamos de algo relacionado con la digitalización de la empresa, es lo mismo que la ejecución de la falta en el fútbol. Se trata de utilizar las herramientas digitales de las que se dispone para ganar el partido, y finalmente el campeonato. Es decir, en la empresa utilizaremos las herramientas digitales de las que disponemos para marcar un gol en el mercado. Para ello, incorporemos en nuestra cadena de valor, en nuestros departamentos, las herramientas digitales de las que dispongamos en cada momento, como ya dijimos, unas veces como soporte para conseguir un mayor rendimiento de los empleados, y otras veces como reemplazo de los mismos. Con lo que estaremos produciendo una transformación en la empresa, esto es, una transformación digital.

Reflexión 9: ¿son lo mismo la estrategia y las acciones a realizar?

Este es uno de los asuntos que cada vez me dan más miedo en las empresas. Vamos a hacer cosas, pero mi pregunta es: ¿para qué hacer esas cosas? Tendrá que haber una idea fundamental de partida. Todos sabemos y aceptamos que el éxito de la estrategia está en su implantación y no en su enunciado, cierto, pero lo que tenemos que saber es qué queremos implantar, con lo que debemos partir de un enunciado de la estrategia, como ya apuntamos en la reflexión anterior.

Los pasos que debemos dar son: primero, entender perfectamente el mercado; segundo, establecer el mix estratégico que mejor nos alinee con ese mercado; y en tercer lugar, decidir las acciones a realizar para implantar ese mix estratégico, lo que deberá estar dentro de un plan perfectamente definido. Esto es, un plan estratégico que nos ayude a desencadenar los proyectos correspondientes, en paralelo con las operaciones, todo ello para ir produciendo ese cambio hacia una transformación digital, como soporte de un mix estratégico perfectamente establecido.

Esto nos llevaría a rebatir a los que dicen que hablar de largo plazo en la actualidad no tiene sentido por la velocidad de los cambios. Nada más lejos de la realidad: la estrategia se mantiene en el tiempo, lo que debe ir cambiando es el plan estratégico, en función de las herramientas con las que contemos para la implantación de las acciones que hayamos definido.

Reflexión 8: cuando hablamos de estrategia, ¿nos referimos a una sola…?

Una vez realizado el análisis interno, tendremos que definir la orientación estratégica -según la teoría de las 3 Cs de Kenichi Ohmae-  y los tres niveles de estrategia: el nivel corporativo (Matriz de Ansoff), el nivel competitivo (estrategias competitivas de Porter) y el nivel funcional.

Teniendo en cuenta que nos encontramos en un mercado donde la capacidad tecnológica para producir bienes es muy superior a la del mercado para absorberlos, que el mercado es global y que el low cost ha llegado para quedarse y las TIC están realizando su papel de aceleración y soporte, el mix estratégico recomendable sería:

  • Orientación al cliente, con un enfoque corporativo de desarrollo de mercado, tomando como objetivo el mercado global y de innovación.
  • Desde el punto de vista competitivo, un compromiso de liderazgo en costes y diferenciación.
  • Y en el aspecto funcional, muy especialmente en la parte de comunicación del marketing mix, utilizaremos herramientas del entorno de Internet para comunicarnos con nuestros clientes, teniendo en cuenta que web y la presencia selectiva en redes sociales son sólo una pequeña parte del todo.

¿Han pensado dónde poner su anuncio, en una valla publicitaria, en una web o en un videojuego? Cuestiones de este tipo es a las que hay que llegar, pero después de un proceso.