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La dependencia tecnológica

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Recientemente la Bolsa de Nueva York no pudo operar durante varias horas por problemas técnicos en sus sistemas informáticos; hace poco, la aerolínea United Airlines tuvo que parar todos sus vuelos por la misma razón; el Wall Street Journal tuvo su edición online asimismo caída. Estos titulares son cada vez más habituales y parecen sorprendentes, pero no lo son y cada vez lo serán menos.

La gestión de la información y de la comunicación se ha convertido en algo cada vez más clave en la vida normal de personas, instituciones y empresas. Y es lógico, pues hay que alinearse y ser coherente con el momento que nos toca vivir: el siglo XXI, también conocido como la era de la información.

Desde que empezamos a incorporar a los ordenadores en nuestra vida, primero profesional y luego personal, el desarrollo ha sido realmente espectacular. La tecnología se ha realimentado a sí misma, y siempre en un proceso de aceleración brutal, animado por una gran demanda del mercado que pedía y pide más, cuantas más cosas puede hacer con ella. Así, hemos llegado a una situación de dependencia como a la que hemos asistido y seguiremos asistiendo, cada vez más.

En esta situación, deberíamos saber cuáles son los riesgos en los que hemos entrado para poder defendernos en situaciones indeseables.

Los primeros riesgos provienen de los delitos que se han generado dentro del ecosistema tecnológico: los hackers, los virus, los ataques cibernéticos, etc… para los cuáles se están articulando, protocolos y generando herramientas que de alguna forma nos pueden defender. Aunque siempre a posteriori, es decir, que la solución viene después de que se ha producido el delito por primera vez o varias veces.

Pero el mayor y más grave de los problemas, para mí, se deriva de la imposibilidad de generar un software libre de errores. Es imposible crear un programa que pueda cubrir todas las diferentes alternativas y secuencias que pueden producirse, apareciendo así situaciones no previstas y cuya repercusión, a priori, es desconocida o impredecible.

Pesemos en programas que estamos utilizando millones de personas en el mundo desde hace años, tales como Windows o Microsoft Office, de los que a lo largo ya de bastantes años se han vendido millones y millones de copias. Pues aún así se producen situaciones que dejan colgado el sistema y, como siempre, hay que apagar y volver a encender.

Esto, cuando el sistema está en casa y se utiliza para asuntos particulares, no suele tener demasiada importancia y evidentemente tiene una repercusión mínima. Cuando sucede en un despacho profesional tiene más importancia y repercusión, más aún si se trata de una empresa, cuanto más grande peor. En cambio, si hablamos de una utility, la importancia y la repercusión empiezan a cobrar características de desastre, lo mismo si se trata de entidades financieras o de una institución emblemática como la bolsa neoyorquina.

Pero me preocupan especialmente ciertas utilities, por ejemplo las aerolíneas. Porque si bien los problemas informáticos en instituciones financieras pueden crear un cierto caos, problemas informáticos en las otras pueden causar auténticos desastres.

Hace 40 años, cuando inicié mi recorrido profesional, primero cono físico en la especialidad de computadoras, recuerdo que ya existían los primeros robots, y se empezaron las pruebas de domótica. En aquella época no prosperaron, entre otras razones más allá de las puramente técnicas, por problemas psicológicos de los posibles usuarios. Cuando, ante la pregunta de si esto puede fallar y si falla que puede pasar, la respuesta era que sí podía fallar pero que no se sabía, si fallaba, lo que podía pasar.

Tenemos que aprovechar las ventajas que aportan las Tecnologías de la Información, sin duda. Pero tenemos que aceptar que en cualquier momento pueden fallar, y tenemos que preparar planes de contingencia, si es necesario dentro del entorno analógico, para superar tales situaciones y no perder mucho dinero… o algo peor.

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China, luces y sombras de un movimiento estratégico

China, luces y sombras

Entre los titulares que han causado cierta preocupación estos días estaban los que informaban de que la Bolsa de China había caído un 30%. Pero si bien como titular era impresionante, lo que no decía es que esa caída se producía después de un año en el que la subida había sido del 100%, es decir, que el valor se había multiplicado por dos.

En cualquier caso, la situación de China es de observar cuidadosamente. Sus ventajas competitivas tradicionales, basadas en el coste bajo, ya han desaparecido después de una serie de años de subidas salariales y de la apreciación de su moneda. Esto ha llevado a un encarecimiento de sus costes en algo más de un 30%, por lo que las empresas occidentales que habían puesto sus ojos en China como fábrica, ya empezaron a buscar alternativas más baratas como Bangladesh, Singapur, Pakistán, etc.

Por lo tanto, China se enfrenta a un doble problema. El primero, al perder sus ventajas competitivas, en el corto plazo, está perdiendo puestos de trabajo y competitividad internacional, con lo que sus exportaciones han caído de forma importante. Lo que lleva a la segunda vertiente del problema, que el crecimiento del PIB es cada trimestre algo inferior al trimestre anterior. Y la cuestión es hasta cuándo China podrá aguantar esta caída.

Durante los últimos años, China está tratando de cambiar su posicionamiento y pasar de un país de mano de obra barata a un país tecnológico e industrial. Para ello han comprado tecnología y empresas en todo el mundo, empresas que en muchos casos siguen manteniendo el nombre occidental e incluso los directivos, pues reconocen que todavía tienen un déficit de conocimiento y experiencia en el management internacional.

En paralelo, además del aprovechar el aprendizaje de años trabajando para empresas occidentales, están creando centros de investigación en el propio país, y también están abriendo centros de I+D en Silicon Valley, por razones tecnológicas, y en Rusia en un mix de razones tecnológicas y de proximidad política.

Para frenar la caída del PIB, como quiera que existe una disminución del crecimiento en lo relativo el mercado exterior, están intentando crecer en el mercado doméstico. Por eso han estado incrementando los salarios durante años, y como consecuencia se ha ido creando una clase media, no como la que hemos conocido tradicionalmente, pero si con cierta capacidad de consumo en el contexto del low cost.

Una gran pregunta ahora mismo es si ya hay suficiente clase media con capacidad de consumo que incremente la demanda interna hasta niveles suficientes como para garantizar el crecimiento del PIB. O, si no es así, si van a poder crearla en un tiempo razonable.

La otra gran pregunta es la relacionada con la recuperación de las exportaciones. Ahora tienen ya un nivel tecnológico para poder competir en el mercado internacional. Parece que en ciertos sectores, tales como el de las telecomunicaciones, electrodomésticos e incluso automoción, la respuesta es que sí, y de hecho cuentan con empresas como Huawei, Lenovo, Haier, TPL, TPV o Shanghai Automotive.

Ciertamente, os próximos años serán clave para ver si China puede llegar a convertirse en la primera economía del mundo o por el contrario empieza a pasar apuros importantes. En cualquier caso, verdad es que el giro estratégico que han realizado las autoridades chinas para cambiar el posicionamiento de país de mano de obra barata a país tecnológico ha sido realmente inteligente, pues la revolución tecnológica, y la robótica muy especialmente, hacen que la ventaja competitiva basada en mano de obra barata pierda su valor.

En definitiva, un movimiento estratégico muy inteligente y con gran visión, eso sí, con las razonables dudas sobre si han llegado a tiempo y si van a ser capaces de implantar esta estrategia adecuadamente.

El caso de Apple Watch: cuando el mercado cambia el modelo de innovación

Apple Watch

En estos días hemos visto un titular que rezaba: “caída del 90% de las ventas del Apple Watch entre abril y junio”. Esto da qué pensar sobre la realidad del mercado y de las características de los consumidores con mentalidad low cost generalizada.

Hay una reflexión previa sobre la saturación del mercado, y es que en la actualidad, y por lo tanto con cada nuevo lanzamiento, Apple tiene la capacidad logística de llegar a mucho más mercado que en cada lanzamiento previo. Por ello es normal que se produzca una venta inicial mucho más importante que en lanzamientos anteriores, si es que el producto funciona. Pero también es cierto que en un período de tiempo corto las ventas pueden empezar a caer, pues se ha alcanzado a los clientes objetivo a nivel mundial en un período de tiempo que yo diría que cada vez establece un nuevo récord.

Dicho esto, es de esperar cada vez más que el ciclo de ventas para este tipo de producto, innovador y caprichoso, se convierta en un pico enorme en unos pocos meses y luego una caída a plomo, como parece que está pasando en el caso del Apple Watch.

Por otro lado, lo que nos están demostrando los hechos es que el mercado empieza a recortar sus gastos en los caprichos. La realidad es que la inseguridad en la consecución de ingresos regulares y la reducción de los salarios, unida a la carga impositiva que tienen que soportar los ciudadanos, hace que los posibles compradores de cualquier tipo de producto innovador y caprichoso se estén reduciendo, pues su nivel de inteligencia compradora ha ido mejorando progresivamente.

Todo esto es típico de la realidad de la sociedad del low cost, donde el perfil del comprador se ha “profesionalizado”. Por lo tanto, en vez de reaccionar plenamente ante las técnicas más sofisticadas de Marketing  -que son las mismas de siempre pero utilizando otros medios de comunicación-, es el propio mercado el que decide cuándo compra y qué compra.

El mercado sabe que, pasado un breve periodo de tiempo, todos los productos tecnológicos bajan de precio de forma importante. Las empresas tecnológicas están intentando evitarlo, retirando el producto y sacando otro con mucha más potencia y capacidades que el que viene a reemplazar. Pero la cuestión es que el tiempo en el que se produce este reemplazo es lo suficientemente corto como para que el mercado esté exhausto y empiece a flaquear en su compra.

Por tanto, hemos llegado a una situación en la que las empresas innovadoras tendrán que ajustar sus estrategias. Bien alargar el período de tiempo entre lanzamiento de productos para que se vaya produciendo el goteo posterior a la etapa inicial, en la que compran el producto los innovadores y los early adopters; o bien olvidar la estrategia de descremación típica hasta el momento del lanzamiento de productos innovadores, e ir directamente a una estrategia masiva, teóricamente opuesta a la que tradicionalmente se ha realizado para este tipo de productos.

Es cierto que todo está cambiando, y por tanto empresas como Apple tienen que entender que el mercado también ha cambiado. Y que el dicho de Jobs en el que aseguraba que él creaba el mercado, a lo mejor ya nos es tan cierto.

España, el país de las apps

País de Apps

En estos últimos años, en las tutorías que realizo sobre trabajos de fin de máster, me he encontrado que el 90% de estos trabajos se centran en la realización de alguna app, algunas de una imaginación extraordinaria y otras muy interesantes. Pero, al menos que yo sepa, ninguna ha sido luego implementada.

La primera reflexión que se me ocurre es si la app viene a ser el pelotazo que ya planteaba hace bastantes décadas ese ministro que se enorgullecía de que España era un país en el que la gente se podía hacer rica por ese procedimiento. Qué frase tan desafortunada y qué ha daño ha hecho lo que luego ha sido la cultura del pelotazo.

Esa cultura caló en nuestro país de manera importante, y así nos encontramos a los que consiguen el pelotazo de forma ilegal, véase el grado de corrupción que existe en el país, y otros que buscan el pelotazo de forma legal. Y aquí es donde entran las apps.

La mayoría de nuestros jóvenes están al tanto de las biografías de los grandes ricos de las nuevas Tecnologías de la Información y de Internet, y han descubierto que muchos de ellos se han convertido en ricos, algunos de ellos billonarios que han engrosado la lista Forbes, a partir del desarrollo de alguna app o similar.

Pero claro, esas biografías corresponden a un pequeñísimo número de emprendedores que lo han conseguido. Y además nuestros emprendedores aficionados sólo se han quedado con la última parte de la biografía, la del éxito. Pero no saben, o no quieren saber, los enormes esfuerzos y sacrificios que han tenido que hacer hasta llegar a la más conocida y celebrada etapa de sus vidas.

El resultado es que las cuatro personas que componen el equipo de trabajo de fin de máster, presenta una app estupenda muchas veces, con una estructura de empresa en la que los cuatro son los directivos, además de dueños de la empresa, y encima ninguno sabe programar ni tienen ni idea de la componente técnica.

Habría que reflexionar sobre lo que está pasando, e intentar huir de la cultura del pelotazo, ahora “tecnológico”.

La Universidad Universal

Universidad universal

Con las nuevas posibilidades que nos facilitan las Tecnologías de la Información, ya no hay razón para no tener el mejor profesor del mundo en cualquiera de las asignaturas que el alumno tiene que abordar a lo largo de su preparación, independientemente del lugar en que se encuentre.

Ahora podríamos establecer una universidad única en el mundo, una Universidad Universal. Donde los mejores profesores en cada disciplina dictaran las lecciones magistrales sobre cada disciplina, y alumnos de todo el mundo pudieran seguir sus sesiones, bien en directo o bien en diferido, independientemente de la ubicación de cada uno, del profesor o del alumno. Las TIC nos permiten hacer esa abstracción física.

El problema vendría en la traslación de los conceptos a la realidad práctica, a través de la realización de ejercicios, casos prácticos, estudios por parte de los alumnos en equipo o individualmente, que podrían requerir un cierto nivel de orientación y tutorización.

¿Cómo resolver el problema de la tutorización? Pues con una serie de robots, que fueran los que interactuaran con los alumnos, cuya posibilidad de enriquecimiento, actualización y aprendizaje estaría garantizada en función del machine learning y la inteligencia artificial.

Otro problema relacionado con la comunicación sería el idioma. Pero en este caso las naciones -o si se prefiere los políticos o el entorno académico- deberían decidir cuál habría de ser el idioma de impartición. Si bien en estos momentos contamos con traductores en tiempo real, de tal forma que también sería un problema resoluble.

Un enriquecimiento importante sería la posibilidad de trabajar en equipos multiculturales, pues las tecnologías así nos lo permiten. Se podría configurar un equipo con nacionalidades de los cinco continentes, lo que luego facilitaría la adaptación al trabajo real en las empresas, cada vez más de carácter global. Algo a lo que las pymes del mundo tienen que adaptarse, pues ya no vale eso de “el tuerto en el país de los ciegos” o ser “el líder de tu polígono industrial”. En un mercado global, las empresas tienen que ser globales y tienen que aprovechar lo que esa globalidad les permite.

El problema lo encontraríamos mirando hacia atrás, con nostalgia de otro mundo donde la Universidad ha significado algo más que sólo el conocimiento. Ha implicado movimientos sociales y un cierto germen de rebeldía a lo establecido. La cuestión sería cómo replicar esos movimientos apoyándose en las TIC. Y eso sí, ya con carácter global.

El poder del algoritmo

El poder del algoritmo

Indudablemente las ciencias de la computación están causando una auténtica revolución. Es cierto que las nuevas tecnologías, en general, producen cambios importantes. Pero en la actualidad, la neurociencia, el Deep learning o machine learning, los sistemas expertos, las redes neuronales, etc…, unidos a la gran capacidad de proceso y almacenamiento de los nuevos sistemas, están provocando una revolución “sin” precedentes.

O quizás sí, con precedentes, pero ninguno a la velocidad que se está produciendo en la actualidad. Y las matemáticas comienzan un reinado a través de los algoritmos. Ha llegado el momento en el que en vez de imaginarte tú lo que deseas, lo que tienes que decir es lo que eres y cómo eres, y los sistemas informáticos son los que tienen que decirte qué es lo más adecuado para ti.

Recientemente me comentaban que en la India, más del 50% de los matrimonios se concertaban por Internet, pero lo que más me sorprendió es que había dos formas de actuación. Una forma era la tradicional, es decir, uno define el perfil que entiende más adecuado para él o que más le apetece, y los sistemas buscan en la base de datos a ver quién existe con ese perfil deseado.

Pero ya había otra forma, que consistía en que el que se lanza la búsqueda de pareja lo que hace es proveer una serie de datos al sistema sobre sus características tanto físicas como emocionales, su forma de vida, sus gustos, etc. Y con esta información, un algoritmo matemático determina cuál puede ser su pareja más adecuada, no me atrevo todavía a decir su pareja ideal.

Bueno, en definitiva, son dos formas distintas de abordar el problema. El primero, en el que ser humano decide; y el segundo, donde es el algoritmo el que decide.

Lo que me resultó más sorprendente fue el hecho de que los matrimonios consecuencia de las parejas seleccionadas por el sistema a través del algoritmo o algoritmos correspondientes, eran más estables que los se produjeron por el método tradicional. De hecho, entre los primeros se está produciendo un 15% menos de divorcios.

Esta realidad puede abrirnos la mente hacia una nueva forma de actuación, donde al final las máquinas y sus algoritmos internos son los que deben responsabilizarse de mejorar nuestras elecciones en todo. Desde la elección en la forma de vestir, a los estudios que tenemos que cursar, el ocio más adecuado, y por fin, tu pareja de por vida.

La pérdida es bella (Amazon y otros cuentos)

Jeff Bezos, foto AFP

“Amazon presenta resultados financieros con pérdidas millonarias”, “Amazon multiplica por diez las pérdidas en el trimestre”… Son titulares que nos encontramos reiteradamente en los medios. Y mientras tanto, su cotización en Bolsa sube aunque siga sin pagar dividendo y siga realizando inversiones multimillonarias en compras de empresas, en algunos casos de dudoso retorno.

¿Cuál es el secreto que hay detrás de todo esto para que empresas como Amazon sigan cotizando en Bolsa con grandes rendimientos, cuando según su supuesto modelo de negocio, inexistente en algunos casos, sus resultados son desastrosos? ¿Se trata de una enorme huida hacia adelante, tapando el problema mediante el engorde del mismo?

Hace algún tiempo, un buen amigo que dirige un family office me comentaba que habían hecho una operación estupenda con una empresa tecnológica en la que habían tomado participación hacia unos pocos años, y que ahora habían vendido generando unas plusvalías suculentas. Pero que todavía seguían preguntándose qué habían vendido, porque no lo sabían.

Le realizaron la pregunta al fundador de la empresa de la que eran socios, y éste sólo daba como respuesta que habían vendido expectativas. Pero ante la pregunta sobre qué expectativas, no hubo forma de que les diera una explicación.

Muchas veces se ha hablado de que el gran valor de estas empresas era la información que manejaban. Pero aquí me gustaría reflexionar sobre ciertas realidades. Ya se hablaba de esto en el año 2000, y sin embargo se descubrió que los nombres más repetidos en las bases de datos de las populares “.com” eran Napoleon Bonaparte y Mickey Mouse. Claro, a partir de ahí, ¿cuál es la bondad de los datos restantes? Cuando menos de dudosa calidad, por no decir que no sirven de nada.

Más recientemente, analizando la base de datos de una empresa, descubrimos que más del 90% de sus clientes declaraban que eran de nacionalidad afgana. Claro, era la primera nacionalidad del desplegable. Podríamos seguir con más ejemplos, pero creo que estos son suficientemente ilustrativos.

Pero todavía hay otro problema, que se está superando con la aplicación de los móviles, como es la compartición de un ordenador. Pensemos en una familia de tres personas, marido, mujer y un hijo adolescente.

Imaginemos que entra a navegar el hijo adolescente, y con su navegación se extrae un perfil de hombre joven; después entra a navegar la madre, y empieza a llegarle publicidad que no se corresponde con su perfil, que a su vez complementa el perfil de su hijo creando un perfil de hombre joven afeminado; y por fin entra el padre, al que le llegan una serie de mensajes que evidentemente no se corresponden con su perfil, sino que el suyo complementa al que ya había de esa IP; y ahora el resultado es un hombre joven, afeminado y conservador. A partir de ese momento da igual el orden en el que sigan entrando, porque consolidarán ese perfil.

Entonces la gran cuestión es: ¿dónde está el valor de estas empresas? Que no cabe duda que se paga por él, lo cual quiere decir que lo tienen para alguien porque alguien paga por ello. ¿O estamos ante otro nuevo globo que puede estallar como ya estalló en el 2000?