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Reflexión 1: ¿qué futuro nos espera en el mundo del trabajo?

El mundo del trabajo en la actualidad ha abierto una serie de oportunidades únicas en la historia. Estamos en un mundo global, donde las TIC son el gran facilitador, lo que consecuentemente nos permite optar a puestos de trabajo en cualquier lugar del mundo sin movernos del lugar donde queremos vivir.

Recientemente, mi socio en MindBigData, sin moverse de casa, está colaborando con una empresa norteamericana con equipos en Singapur y creo que en Australia. Hace unos años, yo mismo, como vicepresidente de una empresa con sede central en Reino Unido, tenía que conectar todos los días con los centros de operaciones en Palm Beach y en Sidney.

La diferencia entre hace unos años y hoy es que antes esto pasaba a ciertos niveles en la empresa. Y ahora es lo normal y natural en el mundo del trabajo para cualquier puesto.

Por lo tanto, las oportunidades se nos han multiplicado y globalizado. Pero la competencia, consecuentemente, también. Es por ello que tendremos que aprender a competir de forma global, y el secreto del éxito es muy sencillo: hay que ser el mejor. Y para ser el mejor en algo, tenemos que obsesionarnos con serlo. Eso sólo será posible si le dedicamos el tiempo suficiente, lo que haremos si disfrutamos con lo que hacemos. En conclusión, tenemos que trabajar en lo que nos guste.

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Reflexiones sobre el profesional evolutivo (introducción)

Hace unos años, estaba buscando una empresa que se dedicara a la producción de vegetales embasados para una firma norteamericana que tenía interés en su compra. Y así, coincidí en La Rioja con un empresario estupendo, hecho a sí mismo, que había creado, si no un imperio, sí una gran empresa.

Cuando terminamos de hablar del negocio concreto por el cual nos habíamos conocido, seguimos nuestra conversación sobre múltiples temas en la barra de un bar, degustando un magnífico vino de la tierra. Y en un momento dado, me dijo que lo que había que hacer era aprender de lo que se ve en las películas. Eso me dejó al principio un poco sorprendido porque no entendía muy bien a lo que se refería, si bien luego, como respetuoso de la edad y de la cultura popular, medité sobre el asunto. Y he de decir que, desde entonces, devoro las películas modernas de serie norteamericanas, ya que algunas reflejan muy bien lo que pudiera ser de nosotros en los próximos años.

Porque su forma de vida al final nos llega a todos. Para comprobar su grado de influencia, no hay más que ver que, en un país donde poca gente habla inglés, los anuncios son cada vez más en inglés o al menos utilizan frases o eslóganes en inglés.

Centrándonos en lo que nos interesa en esta introducción, cuando vemos estas series, descubrimos que la forma de vida de los profesionales que aparecen en estas series se centra en torno a su trabajo, con una dedicación de 24 horas al día y siete días a la semana, dentro de un mundo donde la competencia es salvaje.

Estas dos condiciones obligan a todo profesional a entender que ahora no depende de un contrato laboral, sino de su competencia en un mundo donde para cada puesto hay más profesionales técnicamente preparados que nunca en la historia. Porque en un mundo global no hay barreras a la competencia.

Por lo tanto, tenemos que prepararnos para ser los más competentes, en cada momento y con dedicación absoluta. Y por ello se convierte en fundamental dedicarnos a lo que realmente nos gusta en cada momento. Tendremos que reinventarnos varias veces a lo largo de nuestra vida profesional, pues según vamos adquiriendo más experiencia y conocimiento, aparecerán nuevas cosas, actividades y hasta profesiones ante nuestros ojos que nos gusten más que lo que hacemos.

En los próximos días voy a compartir con vosotros una serie de reflexiones sobre esta nueva forma de ver el trabajo, que llamamos el profesional evolutivo. Espero que os resulten útiles y de interés.

Colaboración: mejor un porcentaje de algo que el cien por cien de nada

Después de trabajar en unos siete u ocho países de dos continentes –Europa y América-, con pequeñas y medianas empresas y con emprendedores y autónomos, he llegado a la conclusión de que están perdiendo la gran oportunidad que el mundo actual les está brindando. Porque no saben colaborar. Porque no quieren compartir.

La colaboración, la llamada relación de partnership, es bastante habitual entre las grandes empresas y corporaciones, incluso entre competidores. Sin embargo, cuando hablamos de medianas, la colaboración se hace más difícil; cuando la empresa es pequeña es más difícil todavía; y cuando llegamos al nivel de emprendedores y de autónomos, se hace casi imposible.

En múltiples ocasiones hemos hablado de las características del mercado actual: un escenario en el que la competencia ha alcanzado niveles nunca hasta ahora conocidos, pues el desequilibrio entre la oferta -es decir, entre la capacidad tecnológica de producir bienes- y la demanda -esto es, la capacidad de compra del mercado- es enorme. En la mayoría de los sectores, la capacidad de producción multiplica ampliamente la capacidad de absorción por el mercado.

Esto nos lleva a que no todos los competidores de un sector tienen posibilidades de sobrevivir. Sólo los mejores pueden no ya sobrevivir, sino tener éxito, porque si bien la hiper-competencia es la parte negativa para los proveedores, la parte positiva del mercado actual es su globalidad. Y por lo tanto, las posibilidades para los grandes competidores son espectaculares.

Además, según apuntan en su libro “El fin de la clase media” Gaggi y Narduzzi, es un mercado en crecimiento. En la década del 2000 al 2010 se incorporaron al consumo aproximadamente 300 millones de nuevos consumidores procedentes de los países emergentes. Y durante la actual década, del 2010 al 2020, se espera la incorporación de aproximadamente 1.000 millones de nuevos consumidores procedentes igualmente de los países emergentes, fundamentalmente de la República Popular China, de India, y de otros países del continente asiático.

Durante las últimas décadas, los países emergentes han ido configurando una clase media, pero es una nueva clase media, es la que los mencionados Gaggi y Narduzzi califican de clase low cost. En paralelo, en los países emergentes, la clase media tradicional está perdiendo poder adquisitivo, con lo que se va produciendo una convergencia entre la nueva clase media de los países emergentes y la nueva clase low cost de los países desarrollados. De tal forma que, en un nuevo proceso de segmentación, esta clase resultado de la convergencia debe ser el objetivo de las empresas, salvo que su sector sea el del súper-lujo o la innovación.

La estrategia para competir en este nuevo mega-segmento de mercado, es la que Michael Porter denomina de liderazgo en costes. Esto es, sin dejar de proveer un servicio adecuado y entregar un producto con la calidad esperada por el mercado, el precio se convierte en la clave en la decisión del cliente.

De ahí que haya que cambiar el objetivo en la transacción. Si en un pasado fue obtener el máximo beneficio posible, con lo que con pocas transacciones las empresas podían ganar mucho dinero, en la actualidad esto ha cambiado: tenemos que conseguir el mínimo beneficio necesario por transacción y el volumen importante de beneficio se conseguirá aprovechando la enorme magnitud del mercado y de esta mega clase social.

Por lo tanto, si hay que competir por precio, las grandes empresas deberían partir con el hándicap de que tienen que mantener estructuras muy pesadas. Pero a cambio, consiguen economías de escala aprovechando el mercado global. Y mientras tanto, pymes y autónomos, perdiendo su gran oportunidad, pues cuentan con unos costes mínimos de estructura, lo que les abre de par en par las puertas de este nuevo mercado. El problema para superar en competitividad a la gran empresa es la consecución de las economías de escala, y aquí es donde se paran y en muchos casos termina su aventura empresarial.

Los pequeños, en estos momentos, tienen que entender que su reducido tamaño es ideal para competir en un mercado que es rápido y orientado al precio. Pero por lo general suelen quedarse mirando el árbol. Si descubrieran el bosque, se darían cuenta de que el volumen lo pueden conseguir en colaboración con terceros, y el complemento de la cadena de valor igualmente colaborando con otros emprendedores y autónomos que son especialistas en actividades complementarias. Así podrían incrementar su volumen hasta donde sea necesario, con una estructura de costes óptima, fundamentalmente variable, lo que les haría competir en precio sin problemas.

En términos de calidad, si han elegido bien a los autónomos o emprendedores complementarios con los que colaborar, seguro que estarán al nivel de las grandes corporaciones. Si no mejor, pues al ser un conglomerado de pequeños, seguro que tienen, de forma natural, más empatía con los clientes.

Para implantar esta estrategia de liderazgo en costes, para aproximarse al mega segmento del low cost, se precisa por lo tanto aprender a trabajar en colaboración, aportando cada uno el máximo y con la mayor transparencia. Aunque, por supuesto, reservándose sus secretos del éxito, aquello que te hace único y especial en el mercado.

Aquí es donde fallan los pequeños, pues son muy celosos de lo poco que a veces saben y no quieren compartirlo con nadie por si se lo copian. Y si lo guardan en una caja fuerte, poco negocio podrán hacer. Deberían reflexionar sobre la realidad de que más vale un porcentaje de algo que el cien por cien de nada. Aprender a colaborar y a compartir. Ahí está el secreto del éxito actual.