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Reflexión 5: ¿por qué tenemos que transformarnos?

Si queremos realizar la transformación de una empresa, tenemos que empezar por entender por qué hay que realizar esa transformación y sacar a las personas, especialmente a los directivos, de su zona de confort e incluso hacerles perder su status quo.

El detonante en general son los resultados, y fundamentalmente los resultados negativos. Porque, aunque en mi opinión a veces son más peligrosos los resultados positivos, si no se sabe de dónde o por qué vienen, se debe hacer el mismo tratamiento estratégico en las desviaciones positivas como en las negativas.

El problema es que, cuando detectamos algo inesperado en los resultados para empezar la transformación, ya empezamos tarde. Pues estos han debido venir precedidos de una serie de cambios en el entorno que han creado una crisis estratégica, que al no ser gestionada, concluye en una crisis de resultados. Y aquí, o se gestiona muy rápido y muy bien o la empresa entrará en una crisis de liquidez, que difícilmente podrá ser remontada en la actualidad, debido a la velocidad a la que están sucediendo los acontecimientos.

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Estrategia Low Cost

Low costEl comienzo de la crisis del 2008 fue el detonante para que nos enteráramos de que el mundo había cambiado. La clase media comenzaba su desaparición para ser reemplazada por un nuevo tipo de clase con un poder adquisitivo más bajo que la anterior, que sin embargo quería tener acceso a los mismos productos y servicios, pero a un coste muy inferior.

Así apareció esta clase a la que hemos denominado la clase low cost, cuyo criterio determinante en la compra es el precio. Una clase que presume ante sus amigos del “chollo” que ha conseguido, a diferencia de la clase media tradicional, que presumía de todo lo contrario, de lo caro que era lo que había comprado.

Con este cambio radical en el criterio de compra, las empresas han respondido buscando la forma de producir esos bienes, pero al precio que la clase low cost puede aceptar. Como ello en los países desarrollados era imposible debido a los altos costes sociales, las empresas han desintegrado su cadena de valor, externalizando la fabricación y encargándosela a otras empresas ubicadas en países emergentes, donde los costes de producción son muchísimo menores debido a la permisividad legal y a la ausencia de derechos sociales. En definitiva, debido a la necesidad primaria de la gente  y al marco que permite el trabajo bajo cualquier forma de explotación.

Así hemos llegado a una situación de esclavitud, donde los niños han sido los tristes protagonistas de la historia y el mundo desarrollado cierra los ojos ante esta situación. Las empresas presumen y alardean de sus códigos éticos, pero la pregunta es a quién los aplican. Sólo a sus empleados directos. En cambio, cierran los ojos ante las situaciones que se producen en las fábricas a las que subcontratan la producción.

Por lo tanto cabría preguntarse si la implementación de las estrategias decididas por las empresas respetan -o permiten respetar- una serie de valores, o bien si obligan de alguna manera a una falta de ética por parte de sus subcontratados o proveedores. Aunque también cabría preguntarse si sería viable para una empresa sobrevivir sin estas prácticas  en la actual sociedad del low cost.