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Automoción en España, un barril de pólvora

Automoción en España

El del automóvil es un sector claramente estratégico en España, tanto por el número de empleados como por sus aportaciones en términos de know how y de exportación. De hecho, representa el 6% de nuestro PIB.

Ocupamos el segundo lugar en fabricación de coches en Europa y el puesto 12 a nivel mundial, exportando más del 85% de los vehículos fabricados al resto del mundo. Ello supone más del 17% de las exportaciones de España de bienes y servicios, dando empleo directo a casi 60.000 trabajadores.

Todas estas cifras son impresionantes, pero el problema es que ninguno de estos fabricantes de automoción es español. Es más, no contamos con ninguna empresa española fabricante de coches. Por lo tanto, todas las decisiones sobre el sector en España y sobre sus miles de empleados y sus exportaciones se toman a muchos kilómetros de distancia, lo que nos hace tremendamente vulnerables.

Sí es cierto que al menos España ha desarrollado una potente industria nacional de componentes, donde podemos hablar de más de 1.000 empresas de las cuales un porcentaje alto son españolas. Y si bien son dependientes de los fabricantes de coches, también es cierto que las decisiones estratégicas sobre su futuro sí se toman en nuestro país, por lo que los aproximadamente 245.000 empleados de estas empresas pueden estar relativamente tranquilos.

Cuando aparecen entonces noticias como las están ocupando todos los titulares estos días sobre Volkswagen, afirmar como las autoridades están afirmando de que aquí en España no va a haber problemas, que Volkswagen, va a mantener sus inversiones, los puestos de trabajo y el nivel de fabricación, cuando menos podemos calificarlo de voluntarista. Eso es lo que nos gustaría pero… ¿Podemos determinar el futuro de una empresa que no podemos controlar en su día a día?

Lamentablemente, las malas decisiones tomadas por personas a muchos kilómetros de distancia de nuestro país pueden afectar de forma dramática a una industria en la que somos enormemente capaces como demostramos, pero en la que estamos de prestado.

La inquietud que se nos abre a partir de ahora es qué puede pasar con el 6% de nuestro PIB ¿Va a ser este un hecho aislado? ¿O por el contrario es esto la punta del iceberg y va a haber un efecto dominó? Esperemos que no sea así, pero lo que está claro es que no sabemos lo que realmente pasa y lo que se decide a alto nivel una industria fundamental para la economía española.

Que Dios nos pille confesados, porque estamos sentados en un barril de pólvora.

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¿De qué sirven los acuerdos internacionales?

Acuerdos internacionales

Hemos vivido unos meses frenéticos en lo que se a refiere a acuerdos internacionales. Acuerdos que, aparentemente, nadie de los que los propugnan, acuerdan y ratifican se cree.

Empecemos por el de Grecia y la UE. Al final no sé para evitar qué, porque todo parece un cúmulo de despropósitos y nos encontramos con que el presidente del gobierno griego tenía que aprobar las condiciones del acuerdo con los votos de la oposición, pues los de su partido no querían aceptarlas, y es más, decían que no era un acuerdo viable.

Por si eso era poco, el señor Tsipras trabajó primero para conseguir el “no” a un acuerdo más suave del que luego ha trabajado para aceptar, diciendo en su país que no quedaba más remedio pero que era inviable.

Por otra parte, en la UE hay voces como la del ministro de Finanzas alemán Wolfgang Schäuble, que también dice que este plan no tiene ningún futuro y que la solución es que Grecia salga de la Unión Europea Monetaria.

Esto me recuerda a esos insensatos, por llamarlos de alguna manera, que en el mundo de la empresa, cuando se plantea un negocio y en consecuencia hay que negociar y firmar un contrato, dicen que los contratos son para no cumplirlos, y los firman con una alegría increíble.

Por otro lado, nos encontramos con las negociaciones y acuerdos del marco nuclear a los que han llegado Irán y los países del  G5+1. Por cierto, algo que siempre me ha sorprendido, con qué fuerza moral los países con armamento nuclear pueden cuestionar que otros tengan el mismo objetivo.

Pues bien, el ayatollah Ali Khamenei dijo que el acuerdo no va a cambiar la postura de Irán hacia Estados Unidos, y que Teherán seguirá apoyando a la guerrilla libanesa Hezbollah y a los grupos insurgentes palestinos.

Es decir, que se llega a acuerdos de proximidad a cambio de conseguir un compromiso de, digamos, tranquilidad. Pero tan pronto como se llega al acuerdo a nivel internacional, los mensajes que se lanzan una vez los negociadores llegan a sus países son los contrarios a los postulados en los acuerdos a los que se ha llegado.

¿Qué tipo de seguridad puede ofrecer la posición de los políticos actuales, si a todo lo que negocian y acuerdan, dicen que no es viable o que no lo van a cumplir? ¿Qué empresa multinacional puede seguir apostando por su presencia en un país, si los políticos actuales, en vez de comportarse como hombres de Estado, se están mostrando como buscadores de escaños, y cualquier acuerdo internacional al que se llegue resulta que no tiene una validez práctica real?

Esto provoca que las empresas, para garantizar su futuro, tengan que pensar cada vez más, y en la medida de lo posible, en el desarrollo tecnológico de sus negocios para llegar a todos los países sin instalarse en ellos, esto es,  globalizándose de forma virtual.

La dependencia tecnológica

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Recientemente la Bolsa de Nueva York no pudo operar durante varias horas por problemas técnicos en sus sistemas informáticos; hace poco, la aerolínea United Airlines tuvo que parar todos sus vuelos por la misma razón; el Wall Street Journal tuvo su edición online asimismo caída. Estos titulares son cada vez más habituales y parecen sorprendentes, pero no lo son y cada vez lo serán menos.

La gestión de la información y de la comunicación se ha convertido en algo cada vez más clave en la vida normal de personas, instituciones y empresas. Y es lógico, pues hay que alinearse y ser coherente con el momento que nos toca vivir: el siglo XXI, también conocido como la era de la información.

Desde que empezamos a incorporar a los ordenadores en nuestra vida, primero profesional y luego personal, el desarrollo ha sido realmente espectacular. La tecnología se ha realimentado a sí misma, y siempre en un proceso de aceleración brutal, animado por una gran demanda del mercado que pedía y pide más, cuantas más cosas puede hacer con ella. Así, hemos llegado a una situación de dependencia como a la que hemos asistido y seguiremos asistiendo, cada vez más.

En esta situación, deberíamos saber cuáles son los riesgos en los que hemos entrado para poder defendernos en situaciones indeseables.

Los primeros riesgos provienen de los delitos que se han generado dentro del ecosistema tecnológico: los hackers, los virus, los ataques cibernéticos, etc… para los cuáles se están articulando, protocolos y generando herramientas que de alguna forma nos pueden defender. Aunque siempre a posteriori, es decir, que la solución viene después de que se ha producido el delito por primera vez o varias veces.

Pero el mayor y más grave de los problemas, para mí, se deriva de la imposibilidad de generar un software libre de errores. Es imposible crear un programa que pueda cubrir todas las diferentes alternativas y secuencias que pueden producirse, apareciendo así situaciones no previstas y cuya repercusión, a priori, es desconocida o impredecible.

Pesemos en programas que estamos utilizando millones de personas en el mundo desde hace años, tales como Windows o Microsoft Office, de los que a lo largo ya de bastantes años se han vendido millones y millones de copias. Pues aún así se producen situaciones que dejan colgado el sistema y, como siempre, hay que apagar y volver a encender.

Esto, cuando el sistema está en casa y se utiliza para asuntos particulares, no suele tener demasiada importancia y evidentemente tiene una repercusión mínima. Cuando sucede en un despacho profesional tiene más importancia y repercusión, más aún si se trata de una empresa, cuanto más grande peor. En cambio, si hablamos de una utility, la importancia y la repercusión empiezan a cobrar características de desastre, lo mismo si se trata de entidades financieras o de una institución emblemática como la bolsa neoyorquina.

Pero me preocupan especialmente ciertas utilities, por ejemplo las aerolíneas. Porque si bien los problemas informáticos en instituciones financieras pueden crear un cierto caos, problemas informáticos en las otras pueden causar auténticos desastres.

Hace 40 años, cuando inicié mi recorrido profesional, primero cono físico en la especialidad de computadoras, recuerdo que ya existían los primeros robots, y se empezaron las pruebas de domótica. En aquella época no prosperaron, entre otras razones más allá de las puramente técnicas, por problemas psicológicos de los posibles usuarios. Cuando, ante la pregunta de si esto puede fallar y si falla que puede pasar, la respuesta era que sí podía fallar pero que no se sabía, si fallaba, lo que podía pasar.

Tenemos que aprovechar las ventajas que aportan las Tecnologías de la Información, sin duda. Pero tenemos que aceptar que en cualquier momento pueden fallar, y tenemos que preparar planes de contingencia, si es necesario dentro del entorno analógico, para superar tales situaciones y no perder mucho dinero… o algo peor.

China, luces y sombras de un movimiento estratégico

China, luces y sombras

Entre los titulares que han causado cierta preocupación estos días estaban los que informaban de que la Bolsa de China había caído un 30%. Pero si bien como titular era impresionante, lo que no decía es que esa caída se producía después de un año en el que la subida había sido del 100%, es decir, que el valor se había multiplicado por dos.

En cualquier caso, la situación de China es de observar cuidadosamente. Sus ventajas competitivas tradicionales, basadas en el coste bajo, ya han desaparecido después de una serie de años de subidas salariales y de la apreciación de su moneda. Esto ha llevado a un encarecimiento de sus costes en algo más de un 30%, por lo que las empresas occidentales que habían puesto sus ojos en China como fábrica, ya empezaron a buscar alternativas más baratas como Bangladesh, Singapur, Pakistán, etc.

Por lo tanto, China se enfrenta a un doble problema. El primero, al perder sus ventajas competitivas, en el corto plazo, está perdiendo puestos de trabajo y competitividad internacional, con lo que sus exportaciones han caído de forma importante. Lo que lleva a la segunda vertiente del problema, que el crecimiento del PIB es cada trimestre algo inferior al trimestre anterior. Y la cuestión es hasta cuándo China podrá aguantar esta caída.

Durante los últimos años, China está tratando de cambiar su posicionamiento y pasar de un país de mano de obra barata a un país tecnológico e industrial. Para ello han comprado tecnología y empresas en todo el mundo, empresas que en muchos casos siguen manteniendo el nombre occidental e incluso los directivos, pues reconocen que todavía tienen un déficit de conocimiento y experiencia en el management internacional.

En paralelo, además del aprovechar el aprendizaje de años trabajando para empresas occidentales, están creando centros de investigación en el propio país, y también están abriendo centros de I+D en Silicon Valley, por razones tecnológicas, y en Rusia en un mix de razones tecnológicas y de proximidad política.

Para frenar la caída del PIB, como quiera que existe una disminución del crecimiento en lo relativo el mercado exterior, están intentando crecer en el mercado doméstico. Por eso han estado incrementando los salarios durante años, y como consecuencia se ha ido creando una clase media, no como la que hemos conocido tradicionalmente, pero si con cierta capacidad de consumo en el contexto del low cost.

Una gran pregunta ahora mismo es si ya hay suficiente clase media con capacidad de consumo que incremente la demanda interna hasta niveles suficientes como para garantizar el crecimiento del PIB. O, si no es así, si van a poder crearla en un tiempo razonable.

La otra gran pregunta es la relacionada con la recuperación de las exportaciones. Ahora tienen ya un nivel tecnológico para poder competir en el mercado internacional. Parece que en ciertos sectores, tales como el de las telecomunicaciones, electrodomésticos e incluso automoción, la respuesta es que sí, y de hecho cuentan con empresas como Huawei, Lenovo, Haier, TPL, TPV o Shanghai Automotive.

Ciertamente, os próximos años serán clave para ver si China puede llegar a convertirse en la primera economía del mundo o por el contrario empieza a pasar apuros importantes. En cualquier caso, verdad es que el giro estratégico que han realizado las autoridades chinas para cambiar el posicionamiento de país de mano de obra barata a país tecnológico ha sido realmente inteligente, pues la revolución tecnológica, y la robótica muy especialmente, hacen que la ventaja competitiva basada en mano de obra barata pierda su valor.

En definitiva, un movimiento estratégico muy inteligente y con gran visión, eso sí, con las razonables dudas sobre si han llegado a tiempo y si van a ser capaces de implantar esta estrategia adecuadamente.

España, un país que pudo y no quiso

España, un país que pudo...

Los países se posicionan en el mercado según sus ventajas competitivas. Así, los países más desarrollados se han posicionado en servicios de alto valor añadido, apoyándose en sus conocimientos y en las tecnologías que han ido consiguiendo gracias a sus esfuerzos en I+D, configurando sociedades con alto grado de conocimiento, alto nivel de vida, poder adquisitivo importante gracias a salarios elevados, etc.

Las empresas y las instituciones de estos países han invertido a lo largo del tiempo cantidades muy importantes en I+D y en formación. Consecuentemente, estas empresas se han centrado en los aspectos relacionados con el alto valor añadido, es decir, conocimiento y servicios. Y han externalizado las actividades de menos valor, tales como fabricación, plataformas de atención de atención al cliente, etc… esto es, actividades que requieren, de momento, mucha mano de obra, no necesariamente muy cualificada, a la que se pagan salarios muy bajos, consecuencia de su trabajo y del posicionamiento de los países donde se encuentran ubicadas las empresas que se han hecho cargo de estas actividades. En definitiva, costes más bajos.

Entre los países que se centraron el conocimiento y aquellos cuya ventaja competitiva radicaba en los bajos costes, estaban otros países que dijeron que se centraban en el conocimiento, pero sin invertir lo necesario, y los salarios subieron de manera que les eliminaba la posibilidad de competir en función de sus costes.

Aquí encontramos a España, un país que no ha apostado de verdad por el futuro, o más bien que apostó de “boquilla”, pero no lo acompañó de paciencia e inversiones. Sin embargo vivió como los países ricos, que sí apostaban de verdad por el largo plazo, hasta que la cruda realidad nos llegó. Se acabó el inflado artificial de los mercados y llegó la hora de competir de verdad. Y aquí se nos cayó la casa con pilares de barro que habíamos construido.

Durante varias décadas hemos estado externalizando actividades de poco valor añadido, pues como hemos apuntado, los costes se habían disparado. Pero ahora se está produciendo el fenómeno de la “contra-deslocalización”, es decir, a repatriar operaciones de poco valor añadido que hace unos años habíamos “despreciado” y externalizado, llevándolas a empresas ubicadas en países emergentes.

La repatriación de estas actividades y la correspondiente vuelta a la integración vertical de las empresas se está justificando en el hecho de que la externalización no funciona, y los costes de los países emergentes han subido de manera importante en los últimos años. Pero si bien esto es parcialmente cierto, la realidad es otra muy distinta.

La realidad es que la externalización no ha funcionado porque se ha hecho mal. Como antes apuntaba, se ha externalizado con “desprecio” en vez de con técnica, metodología y de forma estratégica. Ahora muchos directivos encuentran aquí su justificación, pero nada más lejos de la realidad.

Otra razón para volver a repatriar estas actividades de bajo valor es que nos encontramos en las empresas con muchos empleados sin función concreta que realizar, con una preparación en general superior a la requerida para realizar estas tareas, pero sin poder desarrollarse en responsabilidades de mayor valor añadido, simplemente porque las empresas no las tienen. En consecuencia, unido a la situación general, los salarios han caído de forma importante. Y el resultado es que nos encontramos con un país “barato”, pues la ventaja competitiva y la razón real de repatriar estas actividades de poco valor añadido es que los costes ahora en España no justifican la externalización de estas operaciones por este concepto.

Si queremos un futuro de ricos, invirtamos como los ricos, en conocimiento y pensando en el largo plazo, y no en nada y exprimiendo el corto plazo. El futuro, si seguimos así, será el de un país de dos caras: la de los emigrantes preparados que se desarrollan en el exterior y ganarán salarios muy altos; y la de los que se quedan haciendo actividades sin valor añadido, con salarios bajos.

La “tranquilidad” de los países receptores de multinacionales

Multinacionales países receptores

Tradicionalmente hemos contemplado dos tipos de países en el fenómeno multinacional: los que son receptores de multinacionales y los que son generadores de multinacionales. Los primeros se aprovechan de la riqueza que esas compañías extranjeras les crean; los segundos se aprovechan del poder de influencia que a través de esas compañías pueden tener en los países que les acogen.

Con este panorama, los países receptores de empresas multinacionales obtienen una riqueza rápida por el establecimiento de las mismas en su país: les crean puestos de trabajo, preparan y forman a sus trabajadores, establecen una infraestructura industrial. Y todo ello sin tener que realizar un gran esfuerzo, tan solo ciertas concesiones.

El problema empieza cuando las cosas se tuercen, cuando el mercado no responde al nivel que se precisa para mantener la estructura productiva, cuando los avances tecnológicos ayudan a producir mucho más de lo que los clientes y consumidores son capaces de absorber. O cuando se producen diferencias políticas entre el país de origen y el país destino. O si es éste último el que quiere reducir las concesiones.

En esos momentos es cuando la dirección de las multinacionales tiene que tomar decisiones, muchas veces muy drásticas, que pueden llegar a la reducción de un alto número de empleos e incluso al cierre de operaciones, con el drama que en muchos casos puede suponer para el país receptor y sus habitantes.

El problema al que se enfrentan los países receptores de multinacionales es que cuando la situación se complica, las decisiones empresariales no las pueden controlar. Son decisiones que se toman a miles de kilómetros de distancia, sin sensibilidad sobre las repercusiones sociales que ciertas medidas o cambios de rumbo pueden suponer en el país correspondiente.

En este sentido, un país como España, que tradicionalmente fue receptor de las multinacionales, se está enfrentando desde hace años, en un sector como el del Automóvil, a una situación muy delicada. Siendo una de las regiones del mundo con mayor know how y capacidad de producción en el sector, todas las decisiones estratégicas de calado se toman demasiado lejos.

¿Cuánto dinero y cuántas concesiones está costando mantener la producción de automóviles en España? La tranquilidad del pasado nos ha llevado a la intranquilidad actual. Esperemos no enfadar a nadie fuera.

Tratado de Libre Comercio entre la UE y EEUU

UE EUU Libre Comercio

Entre el 2 y el 8 de febrero ha tenido lugar en Bruselas la octava ronda de negociación entre la Unión Europea y Estados Unidos sobre la posible creación de la zona de libre comercio más grande del mundo.

Durante los últimos meses se está negociando, más allá de la reducción arancelaria -que en la actualidad ya es bastante reducida, pues está en el 4% aproximadamente-, las posibles reducciones de  costes no arancelarios, que reduzcan en definitiva los costes globales y confieran una mayor flexibilidad, eliminando algunas de la barreras administrativas y burocráticas existentes en la actualidad. Las estimaciones apuntan a un 0,5% de crecimiento del PIB en la eurozona si al final se llega al acuerdo.

Si bien todo suena bien a priori, no podemos olvidarnos de que la experiencia nos ha demostrado que cuando se crean zonas de libre comercio sin más, sin criterios de convergencia económica, los países más flexibles se han visto ampliamente beneficiados en detrimento de los países más rígidos. Dentro del contexto de la WTO, con la globalización de la economía, los países emergentes tuvieron su momento estelar de crecimiento. En cambio, en los países más desarrollados, muy lejos de los titulares que los políticos proveían sobre la conquista de nuevos mercados, la situación resultó ser completamente la contraria.

Los EEUU han aprendido la lección, y ahora se están aproximando a la UE porque, siendo su economía mucho más flexible que la nuestra, están convencidos de que tendrán mucha más facilidad para hacerse con el mercado europeo que los países de la UE para hacerse con el mercado norteamericano.

Si realmente se llega a firmar el acuerdo, podemos encontrarnos con una presencia masiva de empresas norteamericanas en el mercado europeo. Sin embargo, no parece muy fácil que las empresas europeas adquieran una presencia equivalente en los EEUU. Porque más allá de los aranceles y costes relacionados con el comercio internacional, hay otros factores a contemplar. Como es el caso de la capacidad comercial de las empresas, donde las norteamericanas evidentemente están un paso por delante de las europeas, lo que podría traducirse en un nivel extra de competencia para éstas últimas en sus mercados domésticos, sin la facilidad ni la contrapartida correspondiente.

Hay varias razones fundamentales para ello. El reducido tamaño de las empresas es una, la falta de flexibilidad es otra, la falta de vocación una tercera… Y así sucesivamente, pasando por las técnicas de Marketing y la utilización de las Tecnologías en su aproximación a los mercados.

En este nuevo panorama, el futuro de la empresa europea podría verse comprometido, pues se está invitando y abriendo la puerta  al competidor por excelencia. Como consecuencia, en el corto plazo la situación será negativa para las compañías de nuestro continente. Lo que es de esperar es que reaccionen y, en el medio plazo, las que sobrevivan  alcancen el mismo nivel de flexibilidad y sean capaces de competir de igual a igual, lo que impactará en las condiciones de empleo, igualando por el escenario más flexible.