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La mediocridad al poder

Mediocridad

Recientemente asistí a una conversación que me produjo mucha tristeza. Era en el entorno académico, pero lamentablemente ya la había escuchado en el entorno de la empresa muchas veces. Y la mayoría de ellas en España, para más tristeza.

Estaban hablando dos personas -que no destacaban por su brillantez ni mucho menos- sobre una metodología de aprendizaje que se debería aplicar. Empezaban argumentando sobre el hecho de que así se podría homogeneizar el nivel de conocimiento a alcanzar por los alumnos, lo cual en mi opinión es ya un error, pues lo que hay que conseguir es un mínimo nivel requerido, pero no poner cortapisas a aquel que por diferentes razones puedas alcanzar un nivel superior. Es decir, que ya por ahí empezamos a buscar la mediocridad.

Pero al final no pudieron remediarlo, y apuntillaron que así todos, refiriéndose a los profesores, estarían igual y no habría profesores estrella…

Cuando oía esa conversación recordaba las muchas veces que en el mundo de la empresa había escuchado conversaciones similares, en las que varios directivos, una vez más no demasiado brillantes, hablaban de hacer frente común para evitar que algunos compañeros suyos brillantes pudieran desarrollar todo su potencial. Y que de esta forma que ellos no salieran retratados o puestos en evidencia.

Este, como digo, es un tema que he oído y he visto muchas veces en muchas empresas: evitar por todos los medios que los brillantes destaquen y el resto queden diluidos entre la mediocridad. Y evitar así que el super-jefe, pues al final siempre hay alguno que está por encima, pudiera realizar comparaciones y así establecer unos estándares de rendimiento más altos, que desalojaran a los mediocres de su espacio de confort.

Como he dicho, lamentablemente en España este tipo de conversaciones y posturas es mucho más habitual, al menos en mi experiencia, que en otros países. Y así nos va. He seguido el recorrido de diferentes alumnos que he tenido a lo largo de mi vida y he podido comprobar cómo tratándose de dos personas de características muy similares, más o menos igual de inteligentes, más o menos con el mismo expediente académico, etc… Uno se va a trabajar fuera de España en una multinacional, y el otro ser queda en una empresa doméstica. Al cabo de dos o tres años los vuelves analizar. Y mientras el primero se ha desarrollado de manera extraordinaria y tiene unas ganas y una ilusión de comerse el mundo, el que se ha quedado en España se ha convertido en una persona rutinaria, sin ilusión y con el deseo de trabajar lo mínimo posible, con la mínima responsabilidad posible y, obviamente, quejándose del salario y de las muchas horas que pasa en el trabajo.

Cuando se define al español, la primera característica que aparece es la envidia. Qué daño está haciendo a nuestro mundo empresarial y académico, donde prima la mediocridad. Y todos los mediocres unidos ahogan al brillante, que tiene que terminar marchándose o al final adaptándose, con lo que alcanza un nivel de frustración tremendo.

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