Archivo de la etiqueta: Multinacionales

Exportación: no es oro todo lo que reluce

De vez en cuando nos encontramos con grandes titulares en los periódicos, y a los políticos sacando pecho porque las exportaciones están creciendo de manera importante. En primer lugar, manejar los números es muy fácil. Y cuando se exporta poco, crecer mucho en porcentaje es muy fácil. El problema es crecer cuando ya se exporta mucho.

Pero no es ese el punto sobre el que me gustaría incidir. Cuando se habla de las cifras de exportación, lo que no se suele decir es qué porcentaje corresponde a las subsidiarias de las empresas multinacionales ubicadas en el país. Pero recientemente me ha sorprendido un titular, ya que es la primera que veo reflejar esa cifra: más del 35% de las exportaciones españolas son de subsidiarias de multinacionales. Es decir, que no tenemos control sobre el 35% de nuestras ventas al exterior, siendo la decisión de mantenerlas, incrementarlas, disminuirlas o pararlas de alguien cuya sensibilidad por nuestra situación no es obviamente como la nuestra, y que vive a miles de kilómetros de distancia.

¿Por qué es importante esta consideración? Porque estas exportaciones no se deben ni al emprendimiento e inquietud de los empresarios del país, ni a las condiciones del país en este aspecto, sino a los intereses de la multinacional. De tal forma que esas cifras de exportación se mantendrán, subirán o bajarán en  función de los objetivos de las compañías con subsidiarias en un país en particular.

Supongamos que una empresa multinacional decide fabricar en la subsidiaria de un determinado país un producto que luego venderá en las subsidiarias que tiene repartidas por todo el mundo. Evidentemente, las exportaciones de ese país se incrementarán de manera importante, pero ¿qué es lo que representa ese crecimiento? Simplemente una decisión estratégica de una empresa, pero desde luego no necesariamente una vocación y preparación del país en cuestión para crecer en exportación. Este caso ya se dio en España con la fabricación en España de las impresoras de Hp, que un buen día decidieron dejar de fabricarlas en España y se nos terminaron las exportaciones de este producto y los puestos de trabajo asociados.

Supongamos que esa multinacional inicia un proceso de deslocalización y decide que la subsidiaria de este país ya no es la que debe fabricar para todo el resto. El resultado será una caída en las exportaciones tan grande como representaran las de esta empresa en las cifras del país.

Es por esto que los países receptores de multinacionales, y más concretamente receptores de subsidiarias de fabricación, engordan sus cifras de exportación a base de exportaciones que no controlan en absoluto. Y cuya decisión de crecimiento, reducción o mantenimiento o eliminación, depende de la decisión del Comité de Dirección de una o unas multinacionales que están a muchos kilómetros de distancia, y cuya sensibilidad sobre cualquier país es muy relativa.

Lo que hay que hacer es animar, estimular, enseñar y provocar que sean las pymes domésticas las que se lancen a la aventura de la exportación. El país que lo logre será una de las potencias económicas, sin duda.

En Japón, el Ministerio de Educación, en coordinación con el todopoderoso Ministerio de Industria y Comercio Internacional (MITI), toma un papel relevante para generar la inquietud por la necesidad de la exportación como forma de vida en el país, con lo que los profesionales y empresarios están mentalizados de forma especial para intentar internacionalizar todo lo que puedan en sus negocios.

El caso de Estados Unidos, es un ejemplo claro de mentalidad internacional. Todo emprendedor tiene en mente dos cosas: montar un imperio con presencia internacional, es decir, una gran empresa que llegue a todo el mundo; y, esto es importante, piensan a lo grande, con lo que al tener empresas de un gran tamaño pueden permitirse salir al exterior con ciertas garantías de éxito.

Esto es lo que nos falta a nosotros. Primero, la vocación exportadora es escasa. Segundo, el tamaño de nuestras pymes es el más pequeño del mundo. Sería entonces conveniente que algún día las autoridades empezaran a pensar con mentalidad a largo plazo. La subvención a la exportación sólo puede ayudar a los que ya están preparados para ello, unas 150.000, que son un pequeño porcentaje de las empresas del país. En cambio, de las más de 3,2 millones de empresas españolas, el 99,8% son pymes, lo que representa casi cinco puntos por encima de la media mundial, que se cifra en torno al 95%. Pero lo más grave, como ya hemos comentado es que además son muy pequeñas.

Por lo tanto, si el primer objetivo de las autoridades del país debe ser mentalizar a los ciudadanos sobre la importancia o más bien necesidad de internacionalizarse, y más en un mundo global, el segundo objetivo tiene que ser facilitar que las empresas alcancen el tamaño suficiente como para poder competir en el terreno internacional.

Anuncios

Iberia y los precedentes

Iberia y los precedentes

Desde la parte española de IAG se anda desmintiendo que la central, que está ubicada en España, se vaya a trasladar a Holanda. Pero ya sabemos que cuando el río suena… Es más, los protocolos de la fusión eran por cinco años, es decir, que está cerca a su expiración, y en ese momento pudiera darse el caso de que Iberia, nuestra empresa estandarte en el sector de aerolíneas, perdiera la bandera española en sus aviones y su central pase a ubicarse en Holanda. Y lo más grave, que pague los impuestos en el Reino Unido, perdiendo España un importante ingreso.

Ya tenemos un precedente importante, que creo que marca un antes y un después: el caso de Fiat, un estandarte italiano que después de su fusión con Chrysler, la nueva FCA trasladó su sede social a Holanda y su sede fiscal al Reino Unido.

Las empresas multinacionales tienen una enorme presión de los gobiernos respectivos para que mantengan sus sedes sociales y fiscales en sus países de origen. Pero el problema es que la globalización ha entrado en todos los campos, y las grandes multinacionales tienen una composición de capital social absolutamente internacional, pues cotizan en todas las importantes bolsas de todo el mundo. Así, la pregunta es si la nacionalidad de origen de las multinacionales se mantiene o por el contrario son compañías cuya propiedad es internacional, y por lo tanto hablar de una nacionalidad concreta puede llegar a ser cuestionable.

A este punto se une la presión por parte de los inversores y accionistas para conseguir los mayores dividendos posibles y que el valor de la acción se incremente continuamente. Para ello, los gestores de la empresa tienen que utilizar todas las herramientas a su alcance a fin de poder cumplir con el mandato de sus dueños de la mejor forma posible.

Para conseguirlo, primero se tendrán que centrar en el aspecto de gestión de la empresa, de tal forma que consigan optimizar la ecuación Beneficio = Ingresos – Gastos. Pero una vez que han conseguido supuestamente maximizar los beneficios, viene el siguiente paso, que es la distribución de los mismos. Y es que  los beneficios brutos no están disponibles para poder pagar los dividendos a los accionistas, si no que antes hay que cumplir con una serie de compromisos.

El primer socio al que hay que pagar es al Ministerio de Hacienda del país donde la empresa tiene su sede social. Y aquí es donde cada vez más los gestores de empresa, cada vez más internacionales y más globales, creo que centrarán sus esfuerzos en los próximos años. Ya sea consiguiendo condiciones especiales por parte de los gobiernos correspondientes o “deslocalizando” sus sedes sociales y fiscales, como ya ha sucedido en el caso de la Fiat.

Después de el pago de impuestos, los gestores tienen que cumplir con las obligaciones correspondientes a las reservas, tanto legales como estatutarias y voluntarias. Y por fin hay que garantizar que la empresa se mantenga competitiva, para lo que habrá que invertir en nuevas tecnologías, patentes, activos y recursos en general.

Si analizamos los diferentes apartados que aminoran los beneficios brutos para poder pagar los dividendos a los inversores y accionistas, sobre el que se puede actuar sin poner en peligro las operaciones es claramente el de pago de impuestos.

Como ya hemos anticipado, creemos que existe un antes y un después en este apartado, con el caso de la Fiat, y la pregunta es si el siguiente caso de relevancia puede ser el de Iberia Líneas Aéreas de España. Que pudiera llegar a cambiar su sede social a Holanda y su sede fiscal al Reino Unido. El Gobierno debería ponerse las pilas, y éste y los sucesivos deberían trabajar para ser atractivos como país, a fin de convertirse en sede de empresa globales. Porque si sucede lo que puede suceder con Iberia, qué podrá suceder a continuación con empresas como Repsol, Movistar, Santander, BBVA, etc.

La “tranquilidad” de los países receptores de multinacionales

Multinacionales países receptores

Tradicionalmente hemos contemplado dos tipos de países en el fenómeno multinacional: los que son receptores de multinacionales y los que son generadores de multinacionales. Los primeros se aprovechan de la riqueza que esas compañías extranjeras les crean; los segundos se aprovechan del poder de influencia que a través de esas compañías pueden tener en los países que les acogen.

Con este panorama, los países receptores de empresas multinacionales obtienen una riqueza rápida por el establecimiento de las mismas en su país: les crean puestos de trabajo, preparan y forman a sus trabajadores, establecen una infraestructura industrial. Y todo ello sin tener que realizar un gran esfuerzo, tan solo ciertas concesiones.

El problema empieza cuando las cosas se tuercen, cuando el mercado no responde al nivel que se precisa para mantener la estructura productiva, cuando los avances tecnológicos ayudan a producir mucho más de lo que los clientes y consumidores son capaces de absorber. O cuando se producen diferencias políticas entre el país de origen y el país destino. O si es éste último el que quiere reducir las concesiones.

En esos momentos es cuando la dirección de las multinacionales tiene que tomar decisiones, muchas veces muy drásticas, que pueden llegar a la reducción de un alto número de empleos e incluso al cierre de operaciones, con el drama que en muchos casos puede suponer para el país receptor y sus habitantes.

El problema al que se enfrentan los países receptores de multinacionales es que cuando la situación se complica, las decisiones empresariales no las pueden controlar. Son decisiones que se toman a miles de kilómetros de distancia, sin sensibilidad sobre las repercusiones sociales que ciertas medidas o cambios de rumbo pueden suponer en el país correspondiente.

En este sentido, un país como España, que tradicionalmente fue receptor de las multinacionales, se está enfrentando desde hace años, en un sector como el del Automóvil, a una situación muy delicada. Siendo una de las regiones del mundo con mayor know how y capacidad de producción en el sector, todas las decisiones estratégicas de calado se toman demasiado lejos.

¿Cuánto dinero y cuántas concesiones está costando mantener la producción de automóviles en España? La tranquilidad del pasado nos ha llevado a la intranquilidad actual. Esperemos no enfadar a nadie fuera.