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Los engaños de la macroeconomía

Macroeconomía engaños

A veces la gente de a pie no entiende lo que está pasando. Mientras los políticos hablan de mejoras extraordinarias en los datos económicos del país, las personas corrientes, sin embargo, notan que vive peor.

Lo que sucede, en muchas ocasiones, es que se mejoran los datos macroeconómicos sacrificando los datos microeconómicos. Por ejemplo, si se quiere mejorar en un 30% la productividad del país de forma rápida, lo único que habría que hacer sería reducir los salarios en un 30%. Esto mejoraría un dato macroeconómico. Sin embargo, empobrecería en un 30% a los trabajadores.

Otro tanto sucedería, aunque más discutible, con los impuestos. Si el gobierno de un país quiere eliminar el déficit, e incluso conseguir obtener superávit, hay dos alternativas: reducir los impuestos de manera sensible, de tal forma que se reduzca el incentivo a la evasión de impuestos y a la economía sumergida; o por el contrario, lo que suelen hacer, subir los impuestos. Y así sucesivamente.

De esta manera, los ciudadanos se encuentran con que el país cada vez va mejor, pero sin embargo ellos cada vez se encuentran en peor situación, tienen menos ingresos y además tienen que pagar más impuestos. Disminuye de manera importante la renta de las personas, con la reducción correspondiente de la demanda. Y si los ciudadanos gastan menos, redundará en una menor recaudación de impuestos, una pescadilla que se muerde la cola pero que se convierte en un círculo vicioso muy delicado.

Por lo tanto, lo recomendable es mantener un equilibrio, de tal forma que las cifras macroeconómicas mejoren por reformas estructurales, eliminación de despilfarros y –evidentemente- eliminación de la corrupción. Consiguiendo un país estable y de prestigio, donde los inversores estén dispuestos a colocar su dinero, los ciudadanos tengan renta para poder consumir y por lo tanto se incrementará el PIB, gracias a un equilibrio entre el mercado interno y la exportación.

En definitiva, superados los momentos críticos es necesario que las cifras macroeconómicas mejoren a partir de la cifras microeconómicas. Si bien, después de un periodo de fuertes sacrificios, cuesta cierto tiempo superar el miedo psicológico y volver a los niveles de consumo anteriores.

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Personas o procesos… el eterno dilema

Personas procesos

Esta es una de las discusiones importantes a la hora de decidir el modelo de una empresa. Y la respuesta, como siempre, es que podemos encontrar empresas de éxito en ambos modelos. Por lo tanto el asunto no está claro. Entonces, ¿Para que estamos preparando a las personas a fin de que cada vez sepan más y puedan aceptar nuevos retos, si luego las vamos a encorsetar en un proceso o en una metodología dentro de la que tendrán que realizar una serie de actividades digamos “rutinarias”?

En una primera aproximación, podríamos asumir que las personas muy preparadas son aquellas cuya responsabilidad es la desarrollar los procesos y las metodologías; y los menos preparados, los que tienen que aplicarlas. Pero la verdad es que no salen los números, ya que el porcentaje de personas teóricamente muy bien preparadas está muy por encima del que teóricamente se necesita. Así, nos encontramos personas muy preparadas aceptando y realizando trabajos que están muy por debajo de su cualificación, con la correspondiente frustración y “escaso” rendimiento.

¿Cuál es la salida entonces? Parece que el consejo sería empezar a orientar a aquellos cuyo nivel en estudios superiores es o puede ser inferior a que se preparen, no para diseñar metodologías, sino para ejecutar las tareas que se les asigne, en su integración en un proceso.

Ahora bien, la experiencia nos dice que la mayoría de los procesos y metodologías diseñadas no cubren todas las circunstancias que puedan presentarse. Y aquí es donde la persona, con su preparación y su experiencia, debe aportar el valor añadido, siempre y cuando se le delegue también la autoridad necesaria.

Como consecuencia, podríamos decir que, si bien es necesario el diseño impecable de procesos y metodologías, tenemos que aceptar que no pueden ser perfectos, que tendrán lagunas y por lo tanto será necesario que las personas que se integren en el proceso tengan el nivel de conocimiento necesario para poder resolver satisfactoriamente las circunstancias no contempladas por las metodologías. Para ello deben tener también delegada la autoridad correspondiente que les permita cumplir con su responsabilidad.

Esto nos llevaría a cuestionar lo que en su momento comentó un vicepresidente de Walmart, que aseguró que sus procesos estaban tan bien diseñados que daba igual tener trabajadores o monos, a pesar de que sea un líder en su sector.

La conclusión es que hay que diseñar los procesos de forma impecable, pero tenemos que aceptar que es imposible contemplar todas las alternativas. Por lo tanto, también se necesita preparación, experiencia y autoridad para resolver las situaciones no contempladas en los mismos.