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¿Y qué fue de la RSC?

Y qué fue de la RSC

Después de tanto escuchar noticias y comentarios sobre el problema de Volkswagen y su engaño sobre la emisión de gases en millones de sus coches, sobre ese software maligno diseñado para el engaño, no cabe duda que la situación es de tal magnitud que vale la pena reflexionar sobre ello.

Para empezar, una reflexión sobre la cacareada Responsabilidad Social Corporativa y la actuación de las grandes empresas. En muchas ocasiones y en diferentes entornos hemos comentado que la RSC, si bien como concepto es impecable, no lo es así en su implantación, pues no responde en muchos casos de forma real a su esencia.

Para unos es una forma de reducir el pago de impuestos. Para otros casos se plantea como un lavado de imagen que permite utilizarse como publicidad dentro del mix de Marketing. Es de suponer que sus responsables habrán calculado que la inversión en RSC y su comunicación a la sociedad tienen un efecto de Marketing equivalente a una serie de campañas que supondrían una inversión mayor.

Pero hay un tercer punto en el que me gustaría enfatizar: es en lo que se refiere a la implantación de estrategias en las grandes corporaciones, aunque se también se podría ampliar a todas las empresas, sean del tamaño y del sector que sean.

Uno de los aspectos en los que algunos insistimos es en el hecho de que el éxito de la estrategia no radica en su enunciado sino en su implantación. Obviamente, cuanto mejor sea su enunciado, más “fácil” será su implantación. Pero desde luego ésta es la clave del éxito. En este sentido, siempre hemos insistido en la necesidad de que todo directivo sea responsable si la implantación de una determinada estrategia obliga a sus empleados o a sus colaboradores, socios, asociados, suministradores, etc… a realizar acciones de dudosa ética y ausente de valores. No queremos ni cuestionar sobre la legalidad, pues claramente eso no debería ser nunca cuestionado. Si bien, lamentablemente, vemos que no necesariamente es así.

Por lo tanto, cuando la dirección de una empresa está pensando en la implantación de una determinada estrategia, tiene que garantizar que las acciones necesarias para su implantación deben ser legales, y debe preguntarse si cumplirán con los valores de su código ético, algo de lo que tanto presumen todas las grandes corporaciones.

Pero cuando hablamos de ética tenemos que ir más lejos, y no sólo pensar en su código ético sino en Ética -en mayúsculas- en general. Y además, como ya hemos anticipado, contemplando la cadena de valor global. Esto es, no sólo contemplando las actividades que realiza la empresa internamente, sino lo que obliga a realizar a sus colaboradores. Tenemos el caso de Nike en los 90, en el que los niños trabajaban en la fábricas de la India en unas condiciones lamentables. En estos momentos hay empresas como la china Foxconn -que trabaja para casi todas las tecnológicas tales como Apple, HP, Nokia, Amazon, Cisco, Dell, Microsoft y un largo etc.- que se han hecho famosas por el índice de suicidios de sus empleados por no aguantar la presión a la que son sometidos.

También tenemos los ejemplos de las empresas textiles en general, que encargan sus trabajos a empresas en países emergentes, tales como Bangladesh, donde las condiciones de trabajo son terribles, en edificios que no reúnen condiciones, como el que se derrumbó sepultando a los trabajadores. Y todo ello por 14 céntimos de dólar a la hora. Podría seguir presentando ejemplos, pero creo que es suficiente para esta reflexión.

Las grandes corporaciones, en muchos casos, no se cuestionan las implicaciones éticas derivadas de la implantación de sus estrategias. Menos aún si se trata de trabajadores externos, a pesar de que se pavoneen de sus códigos éticos, con los que empapelan las paredes de sus instalaciones. Y como estamos viendo, incluso van más allá y también intentan engañar a todos los stakeholders saltándose las reglas que sean necesarias.

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