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Epílogo: ¿vamos a gozar de vacaciones perpetuas?

En múltiples ocasiones he repetido que estamos en un momento en el que las oportunidades son ilimitadas. Sólo nuestra mente puede recortar lo que podemos conseguir. De hecho, la lista Forbes de multimillonarios se dispara año a año, y todos ellos siguen incrementando sus fortunas, incluso en España durante el periodo de crisis y sin duda en el de post crisis. El número de ricos se ha incrementado de manera importante, y además han incrementado sustancialmente sus patrimonios, esto es algo que nadie puede negar.

Pero para llegar a ello, tendremos que hacer todo menos tomar vacaciones. Obsesionarnos con el trabajo, esforzarnos y trabajar duro pero inteligentemente, formarnos de forma continua para poder afrontar nuevos retos, etc… En definitiva, todo lo que hemos venido diciendo, esto es, lo contrario a vacaciones.

Pero en paralelo, la robótica y la inteligencia artificial siguen su desarrollo a gran velocidad. La primera ya mandó de vacaciones indefinidas a muchos trabajadores manuales; pero la IA dará el siguiente paso y mandará de vacaciones indefinidas a los trabajadores del conocimiento. Es decir, lo mismo que la Primera Revolución Industrial redujo y casi eliminó la necesidad de los animales de tiro, la Cuarta Revolución Industrial acabará con los puestos de trabajo del conocimiento.

Robots como los que se utilizan ya en las fábricas, o como Da Vinci en el campo médico, o el robot que es miembro del board de una compañía de Capital Riesgo, están demostrando que son un reemplazo a mejor del ser humano. La Impresión 3D ya está empezando a cambiar el concepto de la producción en masa a la producción de las masas, es decir, que la producción tal y como la conocemos actualmente sufrirá cambios dramáticos, y en algunos casos simplemente no será necesaria. Y, cómo no, los coches autónomos, que acabarán con la batalla entre el taxi y Uber o Cabify, sin duda revolucionarán la logística. Y un sinfín de realidades.

La cuestión es cuándo todas estas iniciativas, que podríamos calificar de laboratorio, pasarán a formar parte de nuestra vida cotidiana. Hace poco escuchaba en un programa de radio de prestigio sobre el coche autónomo, su impacto en la logística y su periodo de implantación, que cifraban en 2050. En mi opinión, creo que es muy posible que, en un plazo máximo de 20 años o menos, empiece la implantación masiva de todas estas tecnologías, y en un periodo de no más de diez la implantación sea total. Y ahí empezarán nuestras vacaciones perpetuas.

Algunos dicen que alguien tendrá que diseñar y mantener a los robots. Nada más incorrecto, pues ellos mismos serán los que se auto diseñen y se mejoren y mantengan a sí mismos. El reto para la sociedad es, por lo tanto, que esas vacaciones perpetuas sean dignas. Y para ello habrá que dotar de renta a todo el mundo y garantizarle una ocupación no productiva.

P.D. Y hasta aquí esta serie sobre el Profesional Evolutivo, que espero que haya servido para aclarar conceptos, despejar algunas incógnitas y también, por qué no, suscitar otras que nos den qué pensar. Por nuestra parte, nos tomamos vacaciones, pero no se preocupen, no serán perpetuas. Volveremos en septiembre.

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Reflexión 5: ¿y no voy a poder parar de estudiar y formarme?

Siempre hemos tenido claro que, para ejecutar correctamente un trabajo, hay que definir y ejecutar dos tipos de planes: por un lado, los planes de soporte, donde se recogen las herramientas que la persona necesita para la excelente ejecución de su trabajo, y que pueden ser tan variadas como un coche, una app o la delegación efectiva de autoridad para tomar decisiones.

Y, por otro lado, los planes de desarrollo, donde se recogen los conocimientos y habilidades que la persona necesita para realizar asimismo el trabajo de forma excelente. En un pasado, este plan normalmente incorporaba la realización de algún seminario curso, algún seminario de habilidades directivas y, en el mejor de los casos, un Máster, siendo todas estas actividades realizadas de forma discontinua y paralelamente al trabajo.

En la actualidad, si nos centramos en los planes de desarrollo, son los que cambian de forma radical, ya que pasarán a realizarse de forma continua y fuera de la jornada de trabajo.

Como ya hemos comentado, el entorno está cambiando muy rápido y constantemente, de tal forma que los trabajos que estamos realizando hoy y al nivel de exigencia actual, no tendrán nada que ver con los que nos vamos a encontrar en un futuro muy próximo. Por lo tanto, tenemos que seguir formándonos y entrenándonos para enfrentarnos a los nuevos retos.

En paralelo, en los planes de soporte, nos iremos encontrando herramientas cada vez más sofisticadas que tendremos que aprender a manejar. Por lo que también tendremos que seguir estudiando, formándonos y entrenándonos de forma continua, a fin de poder absorber los cambios y actuar con las nuevas herramientas.

Reflexión 2: ¿Cómo vamos a vivir en el mundo del trabajo del siglo XXI?

Recordando lo que aquel empresario riojano me dijo, veamos las películas actuales de serie norteamericanas. Están siempre trabajando, de vez en cuando tienen una cita romántica, pero en el momento crucial, finalizando la cena, les llega el mensaje correspondiente a ambos desde sus respectivos trabajos, o al menos a uno de ellos, y tienen que abandonar urgentemente su momento plácido y aplazarlo para otro día o sine die.

Es decir, se confirma una de las características que diferentes estudios de perfiles han realizado sobre la sociedad del siglo XXI, en los que nos aseguraban que la vida profesional y la vida privada se iban a cruzar o solapar permanentemente, haciendo difícil saber dónde termina una y donde empieza la otra.

Ante esta situación, sólo hay dos alternativas: una, dejarse llevar y sufrir lo que esa situación implica; o bien liderar la situación, empezando por dedicarnos a lo que nos gusta por encima de todo. De tal forma que, si se nos solapa la vida profesional con la vida personal, seremos personas felices, pues estaremos haciendo lo que nos gusta. Algo a lo que incluso le dedicaríamos nuestro tiempo libre y, para no perder la posibilidad de dedicarnos a ello, seguir estudiando, formándonos y entrenándonos para ser los mejores. Que nadie pueda cuestionarnos en nuestro puesto de trabajo, con lo que pondremos un peldaño adicional para alcanzar nuestra felicidad.

Reflexión 1: ¿qué futuro nos espera en el mundo del trabajo?

El mundo del trabajo en la actualidad ha abierto una serie de oportunidades únicas en la historia. Estamos en un mundo global, donde las TIC son el gran facilitador, lo que consecuentemente nos permite optar a puestos de trabajo en cualquier lugar del mundo sin movernos del lugar donde queremos vivir.

Recientemente, mi socio en MindBigData, sin moverse de casa, está colaborando con una empresa norteamericana con equipos en Singapur y creo que en Australia. Hace unos años, yo mismo, como vicepresidente de una empresa con sede central en Reino Unido, tenía que conectar todos los días con los centros de operaciones en Palm Beach y en Sidney.

La diferencia entre hace unos años y hoy es que antes esto pasaba a ciertos niveles en la empresa. Y ahora es lo normal y natural en el mundo del trabajo para cualquier puesto.

Por lo tanto, las oportunidades se nos han multiplicado y globalizado. Pero la competencia, consecuentemente, también. Es por ello que tendremos que aprender a competir de forma global, y el secreto del éxito es muy sencillo: hay que ser el mejor. Y para ser el mejor en algo, tenemos que obsesionarnos con serlo. Eso sólo será posible si le dedicamos el tiempo suficiente, lo que haremos si disfrutamos con lo que hacemos. En conclusión, tenemos que trabajar en lo que nos guste.

Reflexiones sobre el profesional evolutivo (introducción)

Hace unos años, estaba buscando una empresa que se dedicara a la producción de vegetales embasados para una firma norteamericana que tenía interés en su compra. Y así, coincidí en La Rioja con un empresario estupendo, hecho a sí mismo, que había creado, si no un imperio, sí una gran empresa.

Cuando terminamos de hablar del negocio concreto por el cual nos habíamos conocido, seguimos nuestra conversación sobre múltiples temas en la barra de un bar, degustando un magnífico vino de la tierra. Y en un momento dado, me dijo que lo que había que hacer era aprender de lo que se ve en las películas. Eso me dejó al principio un poco sorprendido porque no entendía muy bien a lo que se refería, si bien luego, como respetuoso de la edad y de la cultura popular, medité sobre el asunto. Y he de decir que, desde entonces, devoro las películas modernas de serie norteamericanas, ya que algunas reflejan muy bien lo que pudiera ser de nosotros en los próximos años.

Porque su forma de vida al final nos llega a todos. Para comprobar su grado de influencia, no hay más que ver que, en un país donde poca gente habla inglés, los anuncios son cada vez más en inglés o al menos utilizan frases o eslóganes en inglés.

Centrándonos en lo que nos interesa en esta introducción, cuando vemos estas series, descubrimos que la forma de vida de los profesionales que aparecen en estas series se centra en torno a su trabajo, con una dedicación de 24 horas al día y siete días a la semana, dentro de un mundo donde la competencia es salvaje.

Estas dos condiciones obligan a todo profesional a entender que ahora no depende de un contrato laboral, sino de su competencia en un mundo donde para cada puesto hay más profesionales técnicamente preparados que nunca en la historia. Porque en un mundo global no hay barreras a la competencia.

Por lo tanto, tenemos que prepararnos para ser los más competentes, en cada momento y con dedicación absoluta. Y por ello se convierte en fundamental dedicarnos a lo que realmente nos gusta en cada momento. Tendremos que reinventarnos varias veces a lo largo de nuestra vida profesional, pues según vamos adquiriendo más experiencia y conocimiento, aparecerán nuevas cosas, actividades y hasta profesiones ante nuestros ojos que nos gusten más que lo que hacemos.

En los próximos días voy a compartir con vosotros una serie de reflexiones sobre esta nueva forma de ver el trabajo, que llamamos el profesional evolutivo. Espero que os resulten útiles y de interés.

Trabaja para ti mismo en la empresa

Al poco de empezar a trabajar, mi jefe, un norteamericano de excelente nivel -no por ser norteamericano, sino porque realmente tenía mucho nivel y una dilatada experiencia-, me dijo que tenía que aprender a trabajar para mí mismo, aunque estuviera trabajando en una empresa, y por lo tanto por cuenta ajena.

Eso me hizo reflexionar, y he de reconocer que a lo largo de mi vida fue una máxima que siempre apliqué. Y gracias a ella, las empresas en las que trabajé se beneficiaron ampliamente, pues al ser consciente que trabajaba para mí, mi rendimiento era en general muy por encima de la media. A su vez, yo me beneficiaba porque aprendía y adquiría experiencia mucho más rápidamente que los demás, gracias al esfuerzo extra que estaba realizando al tener claro que estaba trabajando para mí mismo.

Con el paso del tiempo, fui además descubriendo que las empresas van a lo suyo, y las personas cuentan muy poco. Se las utiliza mientras se las necesita, y se prescinde de ellas tan pronto como se puede o las circunstancias lo aconsejan.

En la actualidad, todo esto se extrema debido a la dinámica e hiper-competencia existente en el mercado. Las empresas necesitan el máximo de sus empleados y cuando los necesitan. Porque en un mercado low cost, como sabemos, el precio es la variable clave en la toma de decisiones del cliente, y las empresas no pueden permitirse el lujo de tener a empleados que no estén rindiendo al cien por cien, y no en todo momento necesitan el mismo nivel de recursos.

Con estas premisas, si alguien quiere tener éxito y gozar de una cierta estabilidad, tiene que tener claro que esto es un proceso de dos fases: una primera fase, que podemos denominar de aprendizaje, durante la cual el empleado debe dejarse el pellejo, como si fuera un trabajador autónomo, como una esponja, con los ojos abiertos aprendiendo muchas de las cosas que una empresa puede aprender, para luego poder aplicarlas en la segunda fase.

En esta primera etapa es donde hay que aplicar a rajatabla, como me decía mi jefe, la máxima “trabaja en la empresa para ti”. Es el momento donde hay que aplicar también la frase que me encanta y que repito cada vez más: “trabaja mucho pero inteligentemente”. El trabajo duro con seguridad producirá resultados, con lo que el puesto de trabajo en la empresa en la que estés trabajando, normalmente no debería correr ningún riesgo. Seguro que serás uno de los empleados que se va a mantener estable, aunque la empresa tenga que reducir recursos. Si el rendimiento es excelente y la empresa es normal, lo lógico es que te mantengan en tu puesto.

La segunda parte de la frase, “inteligentemente”, se refiere a que aprendas todo lo que puedas en lo que estás trabajando, y quédate con ello. El conocimiento no te lo puede quitar nadie, por eso es importante ser especialmente generoso en esa etapa. Apúntate como voluntario a participar en todo tipo de iniciativa que se presente, y sigue aprendiendo cosas nuevas que luego puedas aplicar en la segunda fase. Así, lo que estarías haciendo es sacar el máximo partido de una etapa que todos debemos entender que es temporal.

La segunda fase es cuando llegas a ser independiente, llámese autónomo, emprendedor, empresario… El caso es que es cuando tú eres tu propio jefe y pueden depender de ti terceros, es el momento donde tienes que poner en funcionamiento todo lo que has aprendido en la primera etapa.

Lo ideal es que seas tú el que tome la decisión de empezar la segunda etapa, pues será el momento en que te encuentras especialmente preparado para dar este salto. Ya te ves con el conocimiento, la experiencia y probablemente con los recursos que te permiten abordar la fase de autónomo con ciertas garantías y tranquilidad.

Puede darse el caso en el que el momento se precipite, y sea la empresa que, por diferentes razones prescinda de ti. Si no te ves preparado suficientemente, tienes que buscarte otra empresa para seguir aprendiendo. Pero si ya te ves preparado para emprender, aprovecha la indemnización que te han dado para tener la tranquilidad económica, al menos durante un cierto periodo de tiempo. Cuidado con invertir toda la indemnización en el proyecto si no se tiene otra fuente de ingresos, pues puede llegar a ahogarte.

En resumen, en la primera fase trabaja para ti en la empresa, trabajando duro pero inteligentemente, no pierdas ninguna oportunidad de aprender y ten siempre la visión en la segunda fase.

En la segunda fase es donde tienes que poner encima de la mesa todo lo que has aprendido, todas las relaciones que has conseguido y convertir tu proyecto empresarial en tu forma de vida.

Trabajo duro pero inteligente

Desde hace muchas décadas, frases como “trabajamos duro”, “trabajamos duro para ti”, etc… han sido uno de los lemas típicos de las empresas. Sin ir más lejos, los empleados de una de las empresas multinacionales más importantes de alquiler de coches del mundo, llevaban una chapa en la que se leía “we are working hard”.

Y es cierto que, en muchas empresas, la mayoría de los empleados trabajan muy duro y hasta incluso en exceso. Pero la pregunta es si realmente ese trabajo duro da los frutos deseados o, por el contrario, lo único que hace es generar frustración entre las personas que presumen de trabajar mucho

¿Por qué el trabajo duro puede producir frustración? Pues muy simple: porque el trabajo duro continuado o más bien excesivamente duro de forma continuada, y durante un período demasiado largo de tiempo, puede provocar errores. Y estos errores se incrementan cuanto más tiempo pasa y más cansados se encuentran los empleados.

Recuerdo una empresa que contaba con una plantilla de gente muy joven y que se jactaba de la cantidad de horas que dedicaban todos al trabajo, la velocidad a la que trabajaban y su capacidad -o más bien supuesta capacidad- para hacer de todo. Lo que, según decían los directivos, demuestra que están extraordinariamente orgullosos de trabajar en esta empresa.

Pero la realidad es que la sensación de frustración de los empleados era enorme, pues el nivel de “re-trabajo”, es decir, de trabajo que tenían que repetir para resolver los problemas creados por errores cometidos en la ejecución a la primera, era altísimo, en torno al 80%. Es decir, que aproximadamente el 80% de su tiempo lo dedicaban a reparar los errores que habían cometido y sólo un 20% de su tiempo lo podían dedicar a realizar actividades nuevas y creativas.

¿Por qué cometían tantos errores? Si, en principio, eran personal con un nivel de preparación alto o cuando menos adecuado para los puestos que ocupaban, y además empezaban con mucha ilusión, pues la empresa gozaba de una excelente imagen en el mercado

La respuesta está precisamente analizando aquello por lo que los directivos demostraban tanto orgullo. Lo primero era la dedicación, se jactaban de que todos los empleados estaban trabajando muchas más horas de lo que en principio tenían que trabajar. Yo no estoy en contra del trabajo duro, pues ha sido la forma del a que he trabajado toda mi vida. Pero un exceso de trabajo de forma continuada al final acaba produciendo cansancio y, consecuentemente, las posibilidades de cometer errores se incrementan de manera importante. Por lo tanto, se habían metido en una espiral muy peligrosa, pues cuanto más trabajaban, más errores cometían y más re-trabajo tenían que realizar.

El segundo punto del que se jactaban era que todos eran capaces de hacer de todo. Y sí, claro, era cierto, pero unas cosas, donde tenían más conocimientos y preparación, las hacían bien, otras regular, otras mal y otras rematadamente mal. Y debido a lo que hemos comentado en el párrafo anterior, los porcentajes iban cada vez a peor, es decir, una parte de las cosas que hacían bien, debido al cansancio, empezaban a hacerlas regular, una parte de las regular pasaban a mal y de mal a rematadamente mal.

Y por fin, el último punto del que se jactaban los directivos era la velocidad a la que hacían las cosas. Pues sí, bien, en el mundo de los servicios hay que trabajar en ciertos momentos a gran velocidad, respondiendo en tiempo real. Pero cuando el trabajo es intelectual, hay que tener siempre un tiempo de reflexión, aunque sea muy breve, porque no se debe actuar de forma irreflexiva.

El resultado es el que ya hemos anticipado: la frustración generalizada, el desánimo y, en algunos casos, el complejo de ser un inútil ante tanto error, llegando incluso a la depresión.

La solución a esta situación es fácil. Se trata de poner inteligencia en el trabajo, tener claro qué es lo que hay que hacer, cómo hay que hacerlo, cuándo hay que hacerlo y cuáles son los objetivos. Y, por supuesto, hacer cada uno lo que tiene que hacer, para lo que está mejor preparado y para lo que normalmente se le habrá contratado. Esto se traducirá en que los resultados del trabajo serán buenos y estimulantes, reduciendo el re-trabajo e incrementando el trabajo creativo y de valor.

Adicionalmente al trabajo inteligente, el trabajo duro provocará resultados excepcionales como resultado del trabajo de cada empleado, y eso provocará que la empresa consiga resultados extraordinarios, dentro de un ambiente ilusionante, donde la gente se sienta de verdad orgullosa de lo que está haciendo y donde lo está haciendo. Esto es, de su trabajo y de su empresa.

Si este paradigma lo trasladamos al mundo del autónomo, que todos sabemos que requiere un plus de esfuerzo y donde el trabajo duro se da por sentado, ponerle inteligencia al trabajo es absolutamente clave para la supervivencia. Es decir, “trabaja duro pero inteligentemente”.

Establecer objetivos claros; tener claro lo que hay que hacer para conseguir esos objetivos, cuándo tenemos que alcanzarlo para medir el nivel de trabajo duro necesario; tener claro los recursos con los que contamos y utilizarlos adecuadamente; y, si no sabemos, buscar ayuda, recurrir a la colaboración de alguien que pueda ayudarnos.

Recordemos, pues, que la frase “we are working hard” es una buena frase publicitaria. Pero el lema interno debe ser “we are working hard, but smart”.